30 de septiembre de 2015

Octubre pendiente de un vals








Por amor al arte

Nacer y morir cada día,
la vida dentro de un cajón
envuelta en papel regalo,
de espaldas al brillo ideal
si entraba una luz.

Hasta que llegaste tú,
con un atardecer en las manos,
sin romper nada, sin olvidarse,
con sitios donde respirar
más allá de las retinas,

para aliviar las heridas
y amarrar vértigos
viendo colgar de una lámpara
ligeras muestras de ropa
color azul.













Tan fácil como llover

A veces también llueve lento,
como cuando fuimos sed
y bajo un cartel de llegadas
aprendimos a encontrarnos.

A veces nubes estancadas
acechan sobre la piel
en caricias fuera de plano
alguna década más.

Son imanes de recuerdos
decorando la nevera,
octubre pendiente de un vals
que improvisa enamorados,

es la ausencia prolongada,
la soledad traicionera
de vernos llegar a lo lejos
desde otro intento de soñar.













A pie de calle

El aire huele a ceniza
y en una decaída terraza
se cierran los abanicos
simulando el arco iris,

mientras que un sol
medio apagado intenta huir
por las ventanas de tus ojos.

Ya no guardan apariencias,
detrás de escalas de grises
marcarán tus labios rojos
el tempo de mis latidos.













Señales de humo

Reconozco tus vocablos
subiendo desde las aceras
sin más deseo que amarse,
a nuestra manera
siempre acabamos
vistiéndonos de versos.

Por eso no limpié el lenguaje
y tengo prohibido el paso
a otros instantes,
por eso al cruzar tu calle
busco señales de humo
y me detengo.






“No salieron jamás
del vergel del abrazo.
Y ante el rojo rosal
de los besos rodaron”.

(Miguel Hernández)






1 comentario:

  1. Estas calles de versos llegan a todas las esquinas. Un honor leerte. Besitos.

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