20 de julio de 2015

Desde mi sombra a su calle








Con permiso de tu boca

Aunque te parezca extraño
te conocía mucho antes
de llegar a presentarnos,
sabía el tacto de tus manos
y esa forma de mirar
en la escalera del metro,

tanto que al otro lado
apartaría las mesas, las sillas
y hasta la estatua del centro;
tanto que no existiera distancia
entre mi respiración
y un segundo de tu aliento.













De los años perdidos

Siempre sobraban razones
para brillar con luz propia
si nos aplaudía la vida,
para no dar pasos sin nadie
camino al cuarto de huéspedes
por sucumbir a un flechazo;

también sobraba talento,
y lo imperfecto de lo humano
en la cabeza de un padre
(ni en surrealistas guiones)
habitando laberintos;

sobraba el quinto,
el cuarto, hasta el tercero
de los días sin tu voz,
y el exceso de calor
que en julio Madrid atrae,

sobraban malos pensamientos
de años que no volverán
a la sombra de un verano,
sumidos en un abrazo…
con Manuel se nos fue Krahe
y tú acabaste conmigo.













Ivonne

Le dueles hasta a el cadáver
de mi derrota.

Lo sé, sólo fui uno más
corriendo entre soportales
aquella noche contigo,
de restaurantes prohibidos…

No había dinero, dio igual,
en un cajero tu boca.













Su voz entre un millón

Vivo enamorado de ella;
de cada tono, cada pausa,
de la belleza en sus palabras,
de su acento al pronunciar…
aunque no diga mi nombre.













La vieja tienda

Sus ojos de cielo limpio
alumbran los rincones de mi suerte
 cuando es el corazón quien habla.

Tan profundos como mares
que en dos mitades
rompen el pecho,

tan dormidos
que hacen su olvido
estragos mi soledad,

sin rincón por habitar,
sin más andanzas,
cercano al miedo.













Punto de encuentro

Veo paisajes dormidos
y piedras brillantes,
olvido las soledades 
cruzando en ámbar
por las páginas restantes;

como a un clavo ardiendo
me agarro a cada segundo,
respirando por tu nuca,
con ganas ya de guardar
toda la ropa de invierno.














Pétalos dispersos

Para el final de su libro
siempre guardaba Alejandra
en un interior de espejo
recordando otras edades

del viento las medias voces,
desolación, tempestades,
manos que cerraban jaulas,
sombras contra los relojes;

guardaba un silencio insomne
que ningún cisne alteró,
guardaba un sueño de amor,
y esa manía de vivir
que la culparon sus noches.













En Madrid

Que los objetos perdidos
por mil lugares pasados,
las flores tras el invierno,
el cielo al caer tarde.

Que el camino transitado,
la terminal de llegadas,
la luna con su misterio,
que todo me recuerde a ti













Luna de mayo

Una vez más
sobran canciones de amor, 
palabras sin ver el sol
y piedras que callan.

Una vez más
oculto en el disfraz de un pájaro
espero levantar el vuelo
cuando de lágrimas sequen
mis alas.













Elegía

Noche entreabierta,
versos cerrados
marcan tu rumbo.

Noche estrellada,
las dos y treinta,
poeta hacia el mar.

A veces vuelvo,
sigo de pie (siempre de pie)
y ante las puertas del cielo
no falta el aire.

Desde el sigilo
nadie más habla,
igual que un niño
cuando la luz se apagaba
viendo las sombras huir,
igual que tu ausencia…
padre, me quedo en tierra.













De momento

No estoy en ti,
no estás en mí,
el amor doblaste en una maleta
con la pasión caducada.

Querías entrar en mi poemario
y lo has conseguido, pero no,
no con los versos del fracaso,

mejor en un capítulo aparte
donde el destino nos guarde
bajarse en la misma parada.













A un solo verso de ti

Me escribes
ante el ruido de la tele,
me dices,
que hay un futuro sin colores
y alguna canción de blues
para silbar en tu ausencia.

Sería peor
nunca haberte conocido,
no haber sabido que existieras…
En este bar de mala muerte
no puede llamarse amor
setenta días sin quererse.














De todo lo que pudo ser

Escapas con mi corazón
entre las manos,
desatas por la calle
sus latidos.

Precisamente tú,
que inventaste una ciudad
donde perdernos
para luego olvidarse.

Precisamente tú
ahora sabrás
en cuantos versos
él me llevaba contigo.













A pie de calle

El aire huele a ceniza
y en una decaída terraza
se cierran los abanicos
simulando el arco iris,

mientras que un sol
medio apagado intenta huir
por las ventanas de tus ojos.

Ya no guardan apariencias,
detrás de escalas de grises
marcarán tus labios rojos
el tempo de mis latidos.













Escribir resulta inútil

Te olvidarás de mí cuando amanezca
y temerosos de ruidos irán los besos,
con las primeras heladas de diciembre, 
con nuevos fríos acechando por las medias.

Recordarán tu nombre las paredes
y mis palabras ignorando la tormenta,
con la verdad ausente de los dos,
sin darnos cuenta.













En las afueras

Nunca estuvimos tan cerca
como a deshoras esa noche,
ni tan siquiera en bien amadas
treguas nocturnas.

Nunca obtuvimos promesas
de puntuales insomnios,
solo el adiós a recuerdos
que en la pared observaban.

Hoy mi corazón reclama
unos versos de Sabines,
la luna fue anestesiada,
ella no sé si vendrá.













Tienes el amor

Llevo un recuerdo grabado
como la tinta en mi piel,
historias de algún bolero,
y en un pañuelo de escarcha.
huellas de adiós invisible.

Llevo las manos vacías
cansadas de buscar estrellas,
nubes repletas de sueños,
y poemas de un don nadie
con las palabras gastadas.

Llevo el color de tu pelo,
la vida sin tu mirada,
y una marca de colonia
por si acaso el universo
te alejara más de mí.

"y regresar al lugar 
donde te quieran
con quien te quiera querer"














Tarde o temprano

Regresarás del llanto
con paisajes de ilusión
agrandando cada luna.

Regresará tu boca
desnudando mi sonrisa
con todo lo que aprendimos.

Y no quedarán caminos
que andemos solos.

Y no existirán más soles
que el de tus ojos.













La realidad

Después de aquel tacto
no abrigan más pieles
las horas desnudas.

Tú, siempre tú,
no queda otro amor
trazando la espalda,

y al final mi sombra
despacio se aleja
por aceras agrietadas.

No existir al mundo.













1984

Quisiera demostrar a tu sonrisa
todo lo que te digo,
ser ese fuego de amor eterno,
poder convencer al frío.

Quisiera retener cualquier tiempo
entre miradas de niña,
colmar los labios de besos nuevos
tuyos y míos.

Quiero abrazarte
como antes nadie,
en los cristales
dibujarte un corazón,

y en el recuerdo
ser aquel parque
en esta tarde de invierno.













La llamada

Quemaré fracasos,
malos amores,
días de nunca quererse 
apalabrados al aire.

De sueños traicioneros
yo velo, tú duerme,
nos quedan los sitios,
desear encontrarse;

romper calendarios
comenzar de cero,
cerca de tus manos,
tus manos de amiga

Seré puntual













Tu amigo

Recuerdas, una vez dije:
"aunque nadie me quisiera
 yo le escribiré al amor"

Hoy soy culpable
de pretender tu cariño,
como una piedra al vacío

por el desliz de esa mirada
que aún me mata,
encadenado a esta locura.

Entre pañuelos de ausencia
culpable mi corazón
de enamorarse contigo.