31 de octubre de 2018

Vuelta al amor










Por días como hoy

Ayer éramos uno,
no importaba idioma,
ni señas, ni patria,
detrás de una puerta
a falta de oportunidad
había otros mundos.

Ayer a tantos kilómetros
la memoria de lo oscuro
no estaba escrita en los libros.

Ayer con ejércitos
de amantes tropezaba
y en tu cintura les vencía cada noche,
con la lluvia resbalando en los tejados,
por tus ojos buscando una luna verde.

Ya lo ves
nadie detuvo ese amor,
cada pensamiento
hoy sigue de pie.

Ya lo ves 
aún queda tiempo
de no estar solos
y amanecer.













Pirata en la Gran Vía

Puedo sentir tus caricias,
amarte así como lo quieras,
inspirarme en siete mares
entre la espuma y la arena
sin nadie saberlo, distancia.

Puedo cambiar de papel,
pedir una noche más
que me conceda la vida
tu sonrisa por bandera,

suplir el viejo antifaz
por adecuado atuendo,
hallar con dos pies en tierra
un lugar donde perderse;

todo a merced de mi suerte,
antes que alguna mirada
llene este vaso vacío
y la garganta de sal.

Mientras colecciono rocas,
flores de Madagascar,
rosas de los vientos,
y cartas de navegación
de rutas aún sin explorar
que lleven hasta tu boca.

Nada es para siempre,
menos tú.













De una sonrisa perdida

Te soñé entre los silencios
de cada punto suspensivo,
en los rincones más íntimos,
perdido en la madrugada.

Desvelé mis intenciones,
los sentimientos contigo,
te encontré de piel y hueso
hasta llegar a quererte.

Porque antes de ti no existía
un libro en blanco infinito 
donde construir mis manos
frases llevando tu nombre,

ni despertaba mi mente 
la memoria de tu boca,
ni imaginaba tus besos,
antes de ti no había nada.

De compartir soledades
la luna aún tengo guardada
junto a estrellas que robamos
doscientas cincuenta noches,

anunciando un nuevo día
hoy no quisiera ser libre,
y me coman los demonios
si nunca te vuelvo a ver.













Poesía y luz de fotos
en blanco y negro

«Es domingo por la tarde,
escucho “Riders on the storm”
mientras repaso las notas
de un documento de Word
con el recuerdo de ti
y una ensalada ilustrada
que llevarme a la boca»

Veíamos trenes del norte
pasar desde nuestra casa,
generaciones perdidas
con los bolsillos vacíos,

veíamos las rasgaduras
en telas de antiguos lienzos,
la vieja calle inundada,
los efectos personales.

Atrás quedaron los blues,
La Noche cerró sus puertas,
atrás la otra realidad
de besos interminables

para escribir una historia
con miles de tus sonrisas,
para guardar lunas llenas
y desearte una vida.

Por ti vendí mi guitarra
y la vieja maquina.
Sin ti aquel sol hoy no brilla
y así no debería ser.













No todo es cuestión de suerte

Acostumbramos los cuerpos
a tirar uno del otro,
subiendo por una rambla
de tonos ocre pintada;
donde salaron mis ojos,
donde perdió la cabeza su sombrero,

como por arte de magia
intentaba ser feliz, lo intentaba,
o al menos eso creía.

Mientras contando silencios
sumé cincuenta escalones,
los balcones que nos guardan
tal vez no mientan,
puede que nunca te fueras.

Cuando tú quieras
enciende las ventanas
de la noche,
que mi soledad
salga de fiesta,
sé la impaciente mirada
que nunca pude borrar

Si tú no vienes
lo mejor está sin llegar.













Amor aparte

Conoció de ti 
cien maneras de llamarse,
y en tiempo de vacaciones
la espera de una estación
por un beso con tu nombre.

Lejos de Madrid
donde las paredes tiemblan,
deseo de amantes
mirando la televisión
en infinita postura.

Ya sabes, 
aunque al aspirar su aroma
prendieses toda frontera
y sobren dos habitaciones
después de que den las doce:

Entre ella y tú
no todo es literatura.















La visita

Recogerás con el tiempo
todas las cartas de amor
tiradas sobre la mesa,
para aliviar desconsuelos
por lo que pudo quererte. 

Recordarás las palabras
que antes de ser pañuelo
te hicieron sentir princesa,
serán como días de cine,
imágenes blanco y negro.

Rostro cansado,
distancia de vida,
afuera la noche.

Removerás sentimientos,
nervios, ternura, pasión, 
locura y miedos a escena
en dos cuerpos abrazados,
las nostalgias, el presente;

guarda tu nombre
apura el último trago,
dulce la muerte
con un sabor a mentira
como los besos de amantes
que no volverás a ver.

Los ojos cerrados,
la tele encendida
y afuera la noche.















Desde el silencio

No hay piedad en la derrota
al desamor y la guerra,
ni razón en el desprecio
de palabras que te hieran.

No todo lo cura el tiempo
tu canción sigue sonando, 
no habrá otro amor pasajero
ni besos de contrabando.

Puedes encontrar 
en libros la libertad,
puedes escapar
sin alas para volar;

y creer que los molinos
se convierten en gigantes,
ser el principio del cuento
o notas abriendo el baile,

crecer en versos pequeños,
dejar de ser invisible,
y poder gritar al viento
sin miedo qué estamos vivos.

Puedes dibujar
un corazón y una flecha
por si un día al despertar 
lleva tu nombre y el mío.














En breves momentos

Imagina que nos siguieran violines,
la coincidencia, un mar de fondo.

Imagina, por un sentido contrario,
encontrarse ante unos labios
empeñados en vivir.

Imagina otra vez enamorarnos.













Veintiséis letras

Fuiste amor a la primera mirada,
como si en ti acabaran los besos
y no existiera camino
ni dirección más correcta
que me llevara a tu encuentro.

Pasamos a limpio frases
donde se guardan los años
sabiendo que de aquella historia
por implícito deseo
no olvidaríamos jamás.

“Cuantos kilómetros separan,
y un libro aún por escribir
desprovisto de memorias”.

Todavía tiemblan mis noches
por verte sin ojos cerrados,
desenredando promesas,
con las ganas de quererse
en páginas para recordar.

Todavía algún silencio
elige el sitio que tú
al compartir una cama,
y a veces hasta me devuelve
entrelazados los versos.

“Por la razón de existir
buscando yo escapatoria
tras sus zapatos bailaba”.













Puerto dulce

Si no eres tú, 
será el fondo de un abismo
perdido en los espejismos
donde habitan los secretos.

Si no eres tú,
será una escalera a la luna
por un amor sin fortuna
para alejarme del mundo.

Si no eres tú,
será esperar en las rocas
entre sus infinitas ondas
la llave de los misterios.

Si no eres tú,
será quedarme en cubierta
arreciando la tormenta
en océano profundo.

Si no eres tú,
viraré mi rumbo a puerto
y buscaré por el viento
a través de un cielo azul.













Tercer intento

Nunca preguntó por qué
en su bolsillo había tizas
que inventaban corazones.

Nunca preguntó por qué
de una guitarra las notas
invocaban a Gardel
rasgando tangos en liza.

Nunca preguntó por qué,
y regresó a Buenos Aires
una vez por vacaciones,

entre Abasto y los poemas
que un día Alfonsina buscara
más allá de Chacarita,

entre el rumor de los bares
y el fuerte olor a café
que muertos resucitaba.

Después de una vida entera
no se atrevieron sus bocas,
después de tanto querer
veinte años fueron nada.













Celeste

Quisiera tener la llave,
entrar en tu corazón
y no volver a quedarme
un día más en la puerta.

Quisiera tener la clave,
saber la combinación
de los cerrojos del alma
para saldar cuentas,

y si tuviera una sonrisa
por cada noche perdida
me sentaría a tu lado
en ese bar de enfrente,

serías la protagonista
en el papel de mi vida
y yo el actor secundario
que saborea un café.













Donde todo comenzó 

Hubo hace tiempo un amor
que al caminar por tu piel 
de noche rozaba el cielo.

sin más ropa que quitarse
ni convencer los temores
de unas manos deslizantes

sin guantes contra el deseo,
de poder quemarnos dentro
de eso que llaman pasión.

No se dobla el corazón
sin ceder el equilibrio,
no se olvidan los lugares
con alejarnos.

Hubo hace tiempo un amor,
nos queda un soplo de aire
y flores en el jardín.













Volver

Me arropaba cada noche
bajo un azul de ilusiones,
a ojos del mundo pequeño,
temiendo en la oscuridad;

y una lámpara encendida
desafiando los miedos
a las sombras batía en duelo
mientras se hacían gigante

Tenia cien indios de plástico,
mi gran equipo de chapas,
y una madre en la ventana
de un barrio aún por explorar

donde me creía un pirata
mientras pisaba los charcos
pegado a una gran mochila
repleta de tanto asombro. 

Cuando era niño no pensaba 
que era niño y sonreía a las fotos 
tras un arsenal de preguntas
con prisas por ser mayor,

y mil respuestas escondidas
se mezclaban con sabores
entre algodones de azúcar
castañas, pan y chocolate.

Cuando era niño no esperaba
que en el camino tan pronto
volarían sin cautela 
las agujas del reloj

y atravesando la vida
con nuevas canciones
llamando a mi puerta
la guitarra a la mañana 
le habló de libertad.














Puertas adentro

Cuesta ganar la salida,
cerrar el baile de huesos
y cada pliegue del cuerpo
cuando tiembla.

Cuesta ponerse a cubierto,
fingir que no existen manos
ni recitar a deshoras
miedos de golpe.

Frió es el aire en el tendedero,
fría la cena compartida,
las pertenencias...

Ojalá nunca el dolor nos encuentre
escuchando a Leonard Cohen;

ojalá alguien le cuelgue a la vida
el cartel de no molestar.













De ángeles

Donde se gestan los versos
que firmaría en sus labios
al mundo entero,

sobreviviendo al olvido
antes de echarme del cielo
por no dejar de escribir,

de renunciar a las alturas
por volverme a tropezar
con mi locura,
por ser aquello que fui.

Nada mejor

a medio camino
entre su boca y el suelo
amar haciendo el amor.














Louisiana blues

Es viernes, las calles llenas,
antaño fui como ellos:
sin fuego oculto en la garganta,
sin desarraigos.

Hoy volvería a escuchar
aquella caja de sueños,
hoy volvería a tocar
como la primera vez;

  caminaría a tu lado
por la página siguiente,
contando edades de paso
barrió adentro.

Tú que en dos palabras
eres el remedio
que nunca disuelvo
moviendo el café,

dices que la vida
es menos amarga
mientras desde el alma
afloren los sentimientos.

Es viernes, tiemblan las manos,
escribo pensando en ti
y echo las hojas al viento
por si me quieres leer,

mientras guarda el silencio,
guarda los besos amor,
que no se empañen de adiós,
que no se empañen.














Trocitos rotos de no verte

Bandera roja
en la orilla de mi piel,
el talento a la deriva
y tú por alguna estrella.

Guardé la voz de aquel mar
para no sentirme solo
y unos demonios que fuera
dejaron de ser pequeños,

luego de regreso a casa
el miedo seguía allí,
los perros mirando igual,
las flores más muertas.

Ahora que la noche
se inclina
hacia las líneas
de tu rostro,

ahora que
vuelan las hojas,
con buena letra
escribo sueños contigo.

Madre,
mi vida poquito a poco
llama la tierra.













Tan fácil como llover

A veces también llueve lento,
como cuando fuimos sed
y bajo un cartel de llegadas
aprendimos a encontrarnos.

A veces nubes estancadas
acechan sobre la piel
caricias fuera de plano
alguna década más.

Son imanes de recuerdos
decorando la nevera,
vidas pendiente de un vals
que improvisó enamorarnos,

es tu ausencia prolongada,
la fruta sobre la mesa
junto al sabor de unos besos
que siempre quise probar.














Días de cine

Supo atravesar la piel
sin tinta ni aguja,
hilar la noche y el día,
endulzar cada café.

Supo enterrar el ayer,
quitar las manchas de vino,
poner la palabra justa;

que a falta de cariño
no se empañaran los versos
bailando bajo la lluvia,

que no viera en la ciudad 
belleza desde ese amanecer.

Fuimos de repente como dos extraños
en busca de un hotel en Casablanca,
yo no era Bogart ni tú Ingrid Bergman,
poco importaba ya como llamarnos. 

Quedó el volver a descubrir un tesoro
sobre tu piel en un oasis de palmeras,
cual dos amantes que naufragaran
atando cabos sobrevivimos.

Quizás fuese proclive al desengaño,
quizás el destino rehuyó capturar 
vientos en velas que detuvieran
el tiempo que nos amamos.