6 de junio de 2026

El camino del aire





I. Alas abiertas 






Tiempo de amar

Un acceso al optimismo
entre la tierra y el cielo,
una pintura final
sin espejismos.
 
Es tiempo de amar,
de renovar cortinas
y vender las acuarelas,

tiempo de elegir,
de vaciar papeleras
y volver a escribir,

tiempo de reivindicar
calles para quien camina,
de barrer hojas caídas
que no merecen la pena.
















Eres poesía 

Llega sin pedir permiso,
como la lluvia fina
que no sabías que esperabas.

Se posa en los bordes del día,
en la taza tibia,
en el ruido de tus pensamientos
cuando la tierra se apaga.

No son palabras,
sino el temblor antes de decirla.
No es solo un verso,
sino la grieta por donde respira el alma.

A veces arde,
como recuerdo que no se puede borrar.
A veces es brisa,
y te cita sin tocarte.

A veces te atraviesa,
te desordena,
y luego, con suerte,
te deja entender
que siempre estuvo en ti.
















La vida nos quiere ahora

Perseguir la vida
sin conocer el camino,
cuando las manos son pájaros
que escapan de la soledad;

como suspiro del agua en el fuego,
por las desdichas y anhelos,
sin este hechizo que me deja sin abrigo.

Dónde nos quedamos la última vez,
en qué lugar el sosiego,
cómo volverte a encontrar 
entre jarrones florales.
¿Dónde mi alma?
















Mi refugio 

Nunca dejé de esperarte,
nunca de repetir tu nombre;
y ahora, cuando no pueda dormir,
buscaré versos
por si hasta tu lado llegan
naciendo el día.

Por calles y alrededores,
para olvidar desamores,
cuando palabras infieles
huyan con otros.

Volviendo a la realidad
de lo prosaico,
en lo esencial aún no escrito
pondré tu acento.

Y al desgastarnos los tiempos
de los pies a la cabeza,
otra madrugada más
abriré el libro
de las próximas caricias.














II. Primer vuelo






Cuando la tarde azulea 

Su voz rompe en mí
como ola que no olvida
romper contra el malecón.

Sus ojos, faros encendidos
en la niebla de los días,
cual sueño de Poseidón

y este querer izar velas,
venciendo cada marea
hacia la isla de su cuerpo,

y al fin llegar a buen puerto,
cuando la tarde azulea.
















El deseo de un verano

Hay letras que regresan
envueltas en bruma,
teñidas de azul y oro suave,
cuando el cielo despierta despacio
y las últimas estrellas aún bostezan.

Tú apareces en la puerta
con el deseo de un verano,
y el estío comienza lentamente
en la curva serena de tu sonrisa.

Entre las huertas,
el río es una cinta de plata
que borda los cañares.
El sol nos baña desnudos
entre el griterío de los insectos.

Yo te miro
y comprendo que viajar
no siempre es partir:
que a veces basta un río,
algún remanso perdido,
y tu cuerpo brillando
entre la corriente.
















Free soul 

Como el cielo de León
divisa obras inmortales;
entre nubes mensajeras
las notas van viajando.

Invita a vivir,
cuando cierro los ojos,
la alegría de su amor
pinta de verde la ciudad…

en los balcones dormidos
tiembla un rumor de campanas,
como si el aire escondiera
secretos de nuestros labios.

Libres, las alas.
Magalí cantando…
y bebo de ti.
















La luz del patio 
 
Danzan sombras lentas
por un cielo bajo y cansado,
la tarde se queda quieta
entre la ropa aún mojada.

En el patio,
la cal guarda secretos
y una silla medio rota
recuerda el peso de otras esperas,

el día se deshace lento
en las esquinas del tiempo,
mientras un tibio sol se derrama 
entre macetas abandonadas.

Caminábamos —¿recuerdas?—
y el calor nos devoraba despacio,
por creer que lo inasible 
tenía forma de promesa.

Somos restos de canciones: 
de lo que fuimos, de lo que duele,
de lo que insiste en nombrar.

Somos el aire inquieto
porque todavia, a veces, 
trae el olor de algo que ardió
y no supimos apagar.














III. Sobre las nubes 






El lenguaje de los pájaros  

Cuarto de luna
sobre los campos, 
campos del sur
que hasta tus brazos me llevan
ansiando el mar.

He respetado las formas
de lo invisible en la física
que un día arrancaran los vientos;
y en la penumbra callada
donde la noche se inclina,
guardo tu nombre en la tierra
como quien siembra una herida;

inmóvil,
clavado a estos surcos,
viendo pasar estaciones,
sin más oficio que esperarte;

regresaré...
por un camino sin mapas,
bajo este cuarto de luna,
sobre los mismos campos del sur,
al menos una vez.
















El arte de lo intransito 

Vuelve a parar el tren 
donde nadie me espera,
y el andén respira un silencio 
que se aferra a los pasos.
En mi soledad de pájaros, 
la cabeza llena de cielos,
de rutas que no elegí 
y vuelos que nunca despegaron.

Y aunque mientras pintas no me leas,
aunque tus ojos estén en otro lienzo,
sé que a este gris entramado darás color,
ajena a distancias, a estaciones vacías,
a trenes que regresan sin nadie.

En el asiento de al lado, 
un gato observa el momento,
como si albergara residuos 
de algún secreto,
como si supiera 
que estoy esperando algo
que no llega en ningún vagón.

Y sin embargo, 
por la magia de tus manos escaparé,
abriéndome camino entre las formas.
como quien aprende 
a respirar bajo el agua
y descubre que el aire 
siempre estuvo dentro.
















Sala de espera 

Las ventanas anunciaban la tarde
entre vitrinas de polvo
donde el tiempo se acumulaba
como escarcha sobre los años.

Estabas allí.

Quieta dentro de aquel marco,
con las manos cruzadas
y un gesto impoluto,
casi una brecha de luz
a punto de convertirse en vida.

Como quien lleva más de un lustro,
más de un umbral,
mirando la misma puerta cerrada
sin perder del todo la esperanza.

El cuadro olía
a domingos perdidos,
a habitaciones cerradas,
a cartas nunca enviadas
que descansan dobladas
en el fondo de un cajón.

Fui feliz.
Cuando tus ojos levantaron la noche
y el universo entero se volvió imposible.
Tu mano atravesó la superficie
igual que una luna rompiendo el agua.

Y al salir de aquel retrato
traías el aire hermoso
de quien renace,
después de haber sido recuerdo
demasiado tiempo.

“Llegaste tarde”, dijiste.
Sesenta años tarde, quizá.
Sesenta inviernos,
varias guerras,
miles de escenas solitarias...

Ahora te observo inmóvil cada noche,
con el delirio hundido sobre el rostro,
sin saber ya
quién liberó a quién,
ni cuál de los dos
sigue realmente prisionero.
















La cuadratura del círculo
 
 
Se nos cayó la manta de los hombros
y compartimos el frío,
tú desde una playa lejana,
yo imaginando la luna.

De ausencias nocturnas 
donde el dolor rompe astillas
y busca entre la almohada
la forma de respirar contigo.

Amaneceres de enero;
las claras del alba pasan de largo
mientras promesas pendientes
quedan mudas en el pecho.

Ya no hay versos imposibles,
ni viento jugando en tu cabello,
ni, sobre la barra del bar, copas
con los restos de esperanza
derritiéndose en el hielo.

Pero llegas con la lluvia;
la tormenta limpia la calle.

Entonces olvido la edad, el tedio,
las penas cosidas al costado,
mientras el amor cita
a dos corazones azules.

Crece hierba en las aceras,
luz a este cuerpo cansado,
despides viejas tristezas,
y  cuando me miras, la vida
lo envuelve todo de fiesta.














IV. A la deriva del viento 






Cuando el norte es un invento 

Cuando el norte es un invento
de los que nunca se pierden,

la esperanza tiene precio
de parking y propina,

como una postal mal escrita
desde un barrio de Lisboa.

El nido vacío contempla
la belleza pasajera
de quienes suben la escalera
sin saber adónde.

Cada personaje guarda
un diario de ideales rotos
al cobijo de la costumbre,

mientras las preguntas
flotan en el suelo.

Hay un revuelo de espejos
detrás del telón y el atrezo,

un repertorio de gestos repetidos
para una multitud que brinda a solas.

Sin pronombre,

las respuestas llegan tarde.
















Intemperie
 

Tengo un anaquel pulido en la memoria
donde descansan los platos del amor,
los que sostuvieron frases ambiguas 
y el temblor luminoso de lo vivido.

He querido quemar los viejos rastrojos
ofrecidos a diosas que ya no escuchan,
bajo una luna ausente
que olvidó su oficio de vigilar nostalgias.

Porque hasta la tristeza se suaviza
cuando el tiempo la peina con sus dedos
y la convierte en algo casi amable,
casi hogar, casi olvido.

Hay un lenguaje sin gramática ni norma,
hecho de viento, de piel, 
de infinitas madrugadas.

Días de tierra caliente en los zapatos,
días de café sin preguntas,
y este dolor que hoy me empuja
como un perro dormido a los pies del recuerdo.

Quizá uno escribe siempre
a lo que no tiene,
a lo que arde sin quedarse,
a lo que fue amor
y ahora es solo
la forma exacta de la ausencia.
















Antes de ser naufragio 

Qué duro despedirse, madre tierra,
cuando el hambre te empuja a partir,
cuando la raíz ya no sostiene.

—¿Te vas? —susurra—
¿también tú te deshaces de aquí?
—No me voy… me lleva el vacío—

¿Quién decide dónde empieza la vida?
¿quién dibuja fronteras en el mar?

—No cruces— me advierten—
allí te puedes perder.
—Aquí también me apago—
soñando correr libre por los campos
sin este miedo mordiendo en el pecho,
con la casa latiendo lejos.

Grito… ¿no lo ves?
No reniego de mi origen,
aunque hierva la sal en mis labios:
no huyo de donde vengo,
huyo por seguir viviendo.
















Hijos del hambre 

Se declara tarde toda guerra,
cuando el humo ya cubrió la tierra
y las madres barren de las puertas
las ruinas que los hombres dejaron.

Me pides amor, pero en los labios 
solo quedan los muertos y la entrega.
Yo mendigo apenas lo que era mío:
un pedazo de paz, una caricia...

El cielo se desgarra de repente,
abre su vientre negro sobre el mundo;
arden fronteras, tiemblan sus restos,
como si lo eterno se quedara mudo.

Hay banderas que nacen empapadas,
con olor a metal y sangre antigua;
ciudades diferentes se derrumban
bajo la misma llama repetida.

Gernika sigue presente en cada incendio,
aunque cambien de rostro los gobiernos;
cada niño que corre sobre escombros
encierra un mismo miedo la injusticia.

Sospechas que mi voz cae en un pasado,
que el mar desgasta aquello que resiste;
pero solo se muere lo olvidado,
solo el recuerdo salva lo que existe.
















A Khaled 

En la plaza de los lamentos,
mis manos buscan tus manos,
y el viento deja un olor a tierra quemada.

Hoy las palomas no vuelan,
sus alas se tiñen de gritos lejanos;
pero entre los escombros,
tus versos son faroles
que encienden la esperanza callada.

Hablas bajo el puente de los olvidados,
y cada palabra es una semilla que florece
en jardines donde los cañones
jamás podrán sepultar tu obra.

Si la noche se hace de hierro y humo,
si nuestros pasos hoy buscan ríos de paz
cambiaremos nubes negras por soles.

Amigo, guarda mi voz en tu pecho:
aunque el mundo haga la guerra,
nuestro abrazo es la bandera
de los niños que soñaron con el mar














V. Cerca del sol 






La casa primera 

El campo se ha quedado sin caminos,
sólo la noche avanza entre los surcos.
A lo lejos, la ciudad...

Mi padre permanece en la penumbra,
entre sus dedos gira una biznaga,
quizá buscando en la luna
palabras que recitar.
Y espera.

Mi madre se demora en las ventanas,
custodia las macetas, ordena los geranios,
canturrea coplas que el viento deshilacha.
Y espera.

Desde mi balcón contemplo 
el vaho que asciende de otros días,
las ramas que quedaron en los patios,
las alondras que conocen su destino.
Y no esperan.

La casa primera escucha.
Las paredes, los muebles, 
las fotografías,
una lámpara encendida, 
los adornos del salón...
Y nosotros.

Pero pasan estaciones,
caen los frutos, envejecen las aceras,
y en la puerta aún esperamos
a quien jamás negó su llegada.














VI. Séptimo cielo 






Por días como hoy

Ayer éramos uno,
no importaba el idioma,
ni señas, ni fronteras.

Detrás de una puerta,
a falta de oportunidad,
había otros mundos.

Ayer, sin tantos kilómetros de ti,
la memoria de lo oscuro
no estaba impresa en los libros.

Ayer, con ejércitos de sombras,
tropezaba y en tu cintura 
les vencía cada noche,

con la lluvia resbalando en los tejados,
por tus ojos buscando
una luna verde.

Ya lo ves,
nadie detuvo aquel amor.

Cada pensamiento
todavía sigue de pie.

Ya lo ves,
aún queda tiempo
y no hay más patria
que nosotros dos.
















Al vaivén de los amantes
 
Conocemos el idioma
de las puertas que se cierran,
de las palabras que aguantan
antes de romperse al aire.

Conocemos los lugares
que nos niegan un refugio,
cuando miramos al norte
aunque el invierno nos hiela.

Sabemos que el amor no siempre gana,
pero hay abrazos
que consiguen mantener en pie
todo aquello que cuidamos.

Callamos para no rompernos,
vistiendo de normalidad
las cosas que no nos dijimos
pero llovieron por dentro.

Y al final solo nos queda
aferrarse a la cola de viento
para poder volar.
















La eterna odisea de hallarte 

Ni el mármol de Babilonia
ni la furia de Pompeya
podrán borrar la odisea
que escribió tu amor en mí,
ni el eco del frenesí
de los clarines del César,
ni los clamores que llegan
sepultando mis empeños
romperán estos ensueños
de hallarte por dondequiera.

Te vi cruzar junto al Tíber,
vestida de luna fría,
y Roma entera parecía
guardar silencio un segundo,
porque se detuvo el mundo
cuando rozaste mi vida.

Años después, Estambul,
bajo lámparas de cobre:
yo, pobre entre tanto noble;
tú, hija del gran visir.
Te invité para reír
y tú sonreíste apenas,
pero escucharon mis penas
los guardianes del bazar,
y tuve que renunciar 
perdiéndome en las arenas.

En Kyoto fue diferente:
los cerezos florecían
tus pupilas parecían
dos secretos por abrir.
Creí que ibas a venir
aquella tarde al estanque,
pero el azar fue un desplante,
y aunque regresé en invierno,
sólo el rumor de un “te quiero”
me acompañó en aquel parque.

Quizá en algún puerto griego,
cuando envejezca la guerra
y haya paz sobre la tierra,
nos volvamos a encontrar,
sin nadie que pueda separar
lo que ha unido el universo.

Y al fin de tanto esperar 
entre siglos y distancias,
descansará mi constancia
en un abrazo sin tiempo.














VI. Pañuelos blancos 






Últimos versos

Vuelvo a leer los retazos
que los años escribieron,
donde el deseo era el juego
de un cuerpo por habitar,

para beber tus lagunas,
encaramarme a tus lunas,
desordenar la cordura,
ser el sol en tu cristal,

...y maldiciendo soledades.

Si el mundo niega la llave
de aquel castillo de arena,
que lo borren las mareas,
que lo reclame la tierra.

Me marcho con lo vivido,
con lo que pudo ser nuestro,
agradeciendo al destino
haber compartido el viaje.

Y al llegar al horizonte,
cuando se cierre el sendero,
volveré atrás un instante,
sonreiré...me iré lejos.











7 de marzo de 2023

Cedo la palabra





I. Donde la voz no se apaga




Por ellas

Cedo la palabra
a quien quisiera leer
causas mejores que ahora 
por mí debieran tenerla.

Cedo la palabra
a quien la vida conmueva,
desde las bocas del hambre
a las que miran al cielo.

Cedo la palabra
a una razón que pudiera
en el silencio ser grande,
a las voces de la calle,
a las que no la tuvieron.














La belleza

Como piel de las estatuas
detenerse, ser una misma,
y que regrese a mi rostro
sus flores tras el invierno,
como tratando de ver
que nada nos pertenece.














¡No!

No soy para nadie:
ni perla prometida,
ni niña consentida,
ni besos robados,

ni bella durmiente,
ni dama valiente, 
ni pienso de más,
ni grito de menos.

No estoy en un estante, 
igual que un florero.
No soy para siempre.














Liberta

Cuando amanezcan las flores
sobre los campos del sur,
infinitos como la nada,
como la nada que somos.

Ser, estar...

Cuando me vean marchar
un día descalza en la lluvia,
entonces no pensarán:

—Pobre niña soñadora.














Poetisa

Como se miran los enamorados, 
miras al cielo que te inspira;
riegas la tierra
con líricos entramados,
y a la orilla de tus versos
nubes de arena envidian al agua.














Aurora

Claridad, alma serena,
llena mis ojos de amaneceres,
esquirlas de luz
que conocen mi secreto.

Y aunque todo caiga,
yo permanezco
atravesando la vida
por los remansos del tiempo

–Porque no todo va a ser poesía,
despierta, porque cuanto más 
despierta, más les duele.









II. Donde regresan los días 






Amigas

Cuando te acuerdes de mí,
seremos entre la noche
 almas libres por el viento
que el tiempo no se llevó.

Seremos una mañana
disfrazada de colegio, 
eterno mundo de dos,
el sitio de mi recreo…

Cuando te acuerdes de mí,
soltará lastre un pasado
experto de los problemas,
regresará la inocencia. 

Y aquella niña de ayer
que no perdió la esperanza, 
sin dejar de ser pequeña,
sin querernos separar... 

Porque distancia no habrá 
 que desate nuestros lazos.
Llama a la puerta de al lado
cuando te acuerdes de mí.














En tu nombre

Quisiera ser como un pájaro,
atravesar hoy las nubes,
poder llegar hasta ti.

Quisiera ser más pequeña,
mi cabeza entre tus brazos 
y una mirada gigante 
en cuanto escucho tu voz.

Quisiera ser tantas cosas
para que nunca te fueras:

Madre, 
no todo sucede por algo.














Amore di nonna

Anda por mi cuerpo
tu alma soñadora,
alumbrada por el verbo.

Aprendo colores, 
formas de luz,
aroma de recuerdos...

Y la piel que he llevado
muere tras de ti.














La calma

En la ensoñación de la tarde,
entre la noche callada,
aun pereciendo los días
en una casa vacía, 

tiempo adentro...

Que nadie robe tu palabra.














Para no olvidarte

Quién pudiera ser memoria
por las aguas de otros lares,
quien pudiera ser edades 
de tiempos nunca vencidos.

Quién pudiera ser camino,
descender por la corriente,
quién pudiera en el presente
volver a ser como antes:

sin que el sol una mañana 
se derrumbe, 
y nuestras sombras
de nostalgia sientan frío.












Mujer en Odessa

Se posaron madrugadas
de febrero en mi ventana,
aguardando ver las rosas 
con sus breves alardeos.

Lenta y crispada,
la llovizna del recuerdo 
trae los hijos que se fueron
de mi sonrisa,

en una noche cualquiera,
desde una jaula de huesos 
donde el corazón reclama
paz y sosiego.

"Esta es la canción de la última cita. 
Eché una mirada a la casa sombría, 
tan solo en la alcoba ardían las velas 
con una llama indiferente y mustia'









III. Donde habla el corazón 






Dancing in the Moonlight 

Frente a ti, mi figura
envuelta de azul nocturno,
abriendo paso al amor.

Mueves el mundo
aunque tú no lo sepas,
mágica luna,
ahora nos toca bailar.














Ruta de la Plata

Poco pudiera importar
equivocarme de nuevo,
perder el norte otra vez,

si es tu aire el que respiro
y tus pasos, el camino
que lleva al sur de los sueños.














Caricias de abril

Las rosas nacen de estrellas
cuando oigo tu voz,
tu lejanía se hace corta
con el sonido del viento,

y vivo despierto
por si abres mis noches,
buscando mi norte,
en lorquianos inviernos
de promesas olvidadas.

Me atreveré a pasar
de puntillas por mis sueños
para escapar
con las alas de los versos,

me atreveré a sellar
en tus labios los poemas,
me dejaré llevar,
y en manos de un niño
serás ilusión.














La desconocida

Libera de tristezas los insomnios,
con tus manos acaricia mi pasado,
encierra la melancolía.

Que en la cárcel de tus labios
no hay camas frías,
y cada noche la vida
dibuja un mapa en la piel.














La deseada

De tanto escribir su nombre,
tendió a secarse los versos
en la cuerda del amor,
y de belleza
ahora se visten mis sueños.














Sherezade

Si consiguiera la llave,
entrar en tu corazón
y no volver a quedarme
un día más en la puerta.

Si consiguiera la clave,
saber la combinación,
abrir cerrojos y el alma
de ancestral leyenda...

Si descubriera esa sonrisa,
mil y una noche perdida,
me sentaría a tu lado
en ese bar de enfrente.

Serías la protagonista
en el papel de mi vida
y no la actriz invitada
que saborea un café.














Momentos

Todavía no te has ido
y estoy echando de menos
en tus cabellos el sol.

Todavía no te has ido
y estoy construyendo un sueño
con versos de mil tequieros.

Y la noche entre maullidos,
dos verdades de ojos verdes
que aunque nada quede en pie,
sonríen por los que fueron,
por los años de los años.














Zahara

Escribo pensando en ti
y echo las hojas al viento,
desvelados sentimientos, 
playas lejanas...

"Se me va de los dedos 
la caricia sin causa"









IV. Donde termina la tormenta 






La otra

Me he despertado nerviosa,
como lo hacía antes.
Por mucho tiempo que pase,
sigo poniendo candados
a las puertas,
por si el silencio
hace ruido.

Pudiera creer
que me incendiara de nuevo
entre la luz de las velas
olvidando mal de amores,

aprendiendo a distinguir
la soledad de unos ojos
con el cielo de Paris
en hora punta.

Pudiera creer
que existe el calor de un beso 
en el verano de otra boca, 
con mil fotos de colores,

aprendiendo a traducir
la vida en distintos idiomas.
Pudiera volver a querer, 
sentir más cerca la calma…

Ojalá no te hubiera 
conocido nunca.














Nunca más

Trae al menos la paz
a mis oídos,
arrójale a mi noche
tu mañana.

Si alguna vez el amor
pasa de largo,
más allá de sus brazos
queda vida.

No cambies tu color
por rosas negras,
no pierdas la ilusión,
no habrá más sangre
para teñirlas.














El rechazo 

Seré la espina,
patio que en mi soledad
nadie me ve,

Miedo, esperanza...
tímido cerco
de luna blanca,
lluvia de abril,
velo de sueños,
baile de máscaras 
empeñadas en reír.














Vuelta de hoja

Yo estaré sola, pero tú no;
tú ríe, tú vuela,
y cierra por fuera
que la vida es mucho más.

Déjame una eternidad,
en el cielo de tus ojos…
que use mi tinta,
cuando mi cuerpo
termine de volar.

Soy la del abismo en letras,
la que voló a ras de piel 
y acabó con alas rotas
en este cielo de papel.














Rompiendo mares

De mis naufragios,
un corazón oxidado
en poemas al desamor.

De tus orillas,
manos de espuma
trenzando versos.

De mis naves,
tus anhelos próximos,
tan ausentes.

De tus pecados,
mi dolor preso
rompiendo mares...
y silencios.

De mis desvelos,
aves nocturnas
explorando alrededores.

De tu sonrisa
cuartos crecientes
reflejados en la arena.

De mi garganta
voz de sirena rota,
silenciada en grito.

De tu pecho,
el miedo siempre
a ser atrapado por el fuego.














Letra a letra 

Oigo su voz, o eso creo,
siguiendo río abajo.

Esta vez las cenizas
no irán al mar,
en césped artificial
puede existir paraíso.

Mis agrietadas manos
se negaron a acariciar
las paredes del ocaso.

Se abrieron mis ojos
al mundo de los vivos,
burlando al obstinado destino.

Sin vida, letra a letra,
las puertas rotas
callando la verdad.
 
Oigo su voz y sus pasos
aún más cercanos 
(o eso creí)

No me dejé arrastrar
por la corriente del olvido,
me despojé de mis lunas,
dejé caer todos mis ocres
de infinitos escondidos
despertando en mí.









V. Donde nacen las flores





Meraki

Allí donde nadie puede llegar,
quisiera ser una nube
y en la altura divisar
cuando se cierran sus ojos
la tercera luna,

Allí donde nadie puede llegar,
insomne en la oscuridad,
es su planeta pequeño.

Qué inmenso el arte,
que nos recuerda...

"Todo se arma y se desarma
cuando menos te lo esperas"














La única llave

Confiar el tiempo
en manos del arte,
por abrir al aire
las puertas del corazón. 

Paso al amor,
madre, vida...

Anida mi libertad,
defiende ante la mentira
tu memoria.

No me sueltes;
lejos serás utopía, 
y yo, en silencio, una más.














Días de cine

Supo atravesar la piel
sin tinta ni aguja,
hilar la noche y el día,
endulzar cada café.

Supo enterrar el ayer,
quitar las manchas de vino,
poner la palabra justa;

que a falta de cariño,
no se empañaran los versos
bailando bajo la lluvia,

que no viera en la ciudad 
belleza desde aquel amanecer.

Fuimos de repente como dos extraños
en busca de un hotel en Casablanca.
Tú no eras Bogart ni yo Ingrid Bergman;
poco importaba ya cómo llamarnos. 

Quedó el volver a descubrir un tesoro
sobre tu piel, en un oasis de palmeras,
cual dos amantes que naufragaran,
atando cabos sobrevivimos.

Quizás fuese proclive al desengaño,
quizás el destino rehuyó capturar 
vientos en velas que detuvieran
el tiempo que nos amamos.














En la ciudad que no vimos

“No todos los caminos 
conducen a Roma”.

Tenía razón.
Su arte me hizo sentir
y a las estancias vacías
trajo el frescor de su aroma
para renovar el aire.

Y me hizo recordar
que las emociones se suben 
a una montaña rusa
para revivir el tráiler
de un verano que acabó,

la adicción por las margaritas
y un barrio lleno de sueños 
en dirección al banquillo 
de las promesas.

“No siempre nos quedará París”.

Tenía razón.
Aún sigo por el mismo andén,
mientras se cruzan las vidas
buscando casualidades,

observando segunderos
ante paredes ajenas
hasta que muere la tarde,
desde mi sombra a su calle,
entre certeras caricias,
desnudando las verdades.

Ahora vendrá,
con el latir de una ilusión,
en la ciudad que no vimos
y el amor sobre la mesa,

a pesar que nuestros labios 
se suicidaron en el brindis 
de una salida de emergencia.

En ese momento
nos iremos en silencio
para buscarnos
donde nos perdimos tantas veces.


(Con Silvia Savall)














Victoria

Llevan mis pasos 
por arenas de recuerdo.
Vence a los años
eterno olor a café, 

mientras tus dedos
tiñen de azul
ilusiones necesarias.

No he renunciado.
Tengo una sala de espera
para la ausencia.

A falta de ser poesía,
contra palabras en vano,
mis ojos brillan por ti...
y hasta pienso que me lees.














África

Al cielo, tus manos abiertas
danzan a felicidad,
cantos de ébano y marfil,
de eterna blanca sonrisa.
 
Cantan coloridos pájaros
el regresar de la lluvia.

Canta a los caminos verdes,
a la luz de un nuevo día, 
canta a una tierra sin horas,
a grandes dioses, a tu fe.

Canta a todo lo que ves
mientras renace a la vida.














Y cada primavera 
renacerán las rosas

Alma que das vida
cuando ellas alzan su vuelo,
anudadas, rostro a rostro,
transitando recodos,
cauterizando cada curva.

Amparo de nuestro pecho,
no hay martirio de la tierra
que pueda ensombrecer.

Uno del otro,
hallemos eterna alborada.
Dilatemos nuestro camino
por el mundo.

Amor mío:

emigrando del ruido,
inseguro de la humanidad,
mientras lloran las ventanas
me resguardaré
 en tus ojos.

Dejaré evaporar los atuendos,
creando un lugar único
para amarnos.

Prometo no rendirme jamás.