7 de agosto de 2021

Donde nos llevó la imaginación








I. Comienza el verso






A ti que me lees

Para que la soledad
no persista,
el cielo es claro,
la luna tiene dos caras,
el tiempo nos mira...

Para llenar mis recuerdos,
existes tú.














De mis estaciones contigo

Píntame 
amaneceres candentes,
la eterna luz del mar
cuando el siroco lo estremece
frente a playas silenciosas.

Píntame
con pinceles que amanezcan
a las pasiones dormidas,
con esa forma tuya de tocar el lienzo
como quien acaricia una herida
hasta volverla belleza.

Píntame
inmensos cielos de Nápoles 
clareando en tu mirada,
abriéndose hacia la mañana
como si el alba prendiera
a tu infinita pureza.

Y allí,
mientras espero
a la sombra de tu puerta,
aprendo que en la memoria,
donde naufragan historias,
existe un temblor turquesa
que enciendes bajo la piel.
















Tránsito 

Hoy, para ser feliz
necesitaría tus manos
como raíces de un árbol
al que aferrarse la vida.

Necesitaría tus mañanas,
su luz en mi despertar,
tu savia nueva cada día;

que la distancia 
no fuera abismo
por donde siempre cayera,
que una llama no prendiera
en otra hoguera de olvido.

Hoy, para ser feliz,
necesitaría los besos
de ti colmando mis noches,
que aflojaran este nudo;

necesitaría una ventana
desde tus ojos mirar,
formar parte de tu mundo.

 Sin darme cuenta,
el corazón se ha rendido
presa de antiguos paisajes:

ella en su rojo vestido,
yo entre vanas elocuencias,
luciendo mi peor traje…

 Y nada hay más triste 
que mirar al mar sin ti.











II. Palabras de amor 






Campanas de Luarca

Ámame al instante,
que la tarde no regresa
y el corazón, aunque insiste,
no secará las gotas derramadas.

Bebamos de la lluvia
antes de que la piedra la devore,
antes de que el tiempo
desvista los jardines.

Y si un día te marchas,
regálame tu aroma
perdido entre los libros,
la rémora que queda
en la taza vacía.

Resta mi cansancio:
soy barro y ceniza;
a veces me derrumbo
como un muro vencido.

No será inútil
la luna en los tejados,
ni el temblor de los árboles
cuando abril amanece.

No será un ruego 
esta sed infinita que nos llama
bajo constelaciones.

Y si un día te marchas,
regálame tu risa clara
rondando por el viento.

Eso será bastante.

Con ella haré canciones
y abriré las ventanas
como un rezo sin templo.
















Bella Leda

Sé que no fue un espejismo
por el fuego, por su aroma.
Su cuerpo era una leyenda
y yo queriendo ser cisne.














Si ayer solo eras hermosura
hoy eres amor

He surcado las noches sin cielos, 
derramando lágrimas desde el mar. 
He naufragado 
con cada una de las sirenas.

He dibujado de mil maneras 
nuestros nombres, 
he dado vida a los sueños, 
con ellos he creado un latido
de línea exacta,
pequeño e imperfecto corazón. 

Has bajado con las nubes, 
acariciando tus manos 
la humedad de nuestra tierra;
en ella has dejado tus huellas.

Has dibujado tu mundo junto al mío,
un lugar donde encontrarnos.
He conocido contigo el amor...

—¿Me quieres?
— Sí, más de lo que imaginas.
—A veces es difícil imaginar.
—Pues imagina un universo.
—Un universo es mucho.
—Sí, una eternidad.
















Free Soul

Quizá de tanto saber 
que en los sueños existía, 
la adivinaron mis labios.

Quizá de tanto escuchar
las aves del amanecer
acariciando su pelo, 
fui brisa de la mañana.

Me dejé llevar;
por sus aguas navegué,
y es tan poco este poema 
que espero una luna llena 
para acercarme a su lado.











III. La voz que queda 






Eterno

Todo huele a mañana, 
como tú,
las manos llenas de flores,
abrazos por los rincones,
el frío en las piedras;

tiempo que aguarda
ante desnuda belleza,
erguida al cielo,
presto al abrigo,
de soledad verdecido,
de azul perfecto.

Todo huele a mañana,
como tú,
noviembre, los pasos
de antiguas calles,
campana de doce vinos,
ser caminante por ti.

Húmedo al viento,
versos declama
que a ver no alcanzan
hasta el Esla su descenso,
seguir su cauce,
entre maleza, nombrarte.

Todo huele a mañana
como tú, todo,
en este día
que de amor muero.

















Tres deseos 

Tal vez cuando leas esto
las minúsculas se hayan nublado.
Tal vez para ojos lluviosos
guardé una tarde de sol
por si hacía falta.

Saldrán a buscarte palabras
en siluetas de versos, saldrán,
y saltando de hoja en hoja
mil millones de instantes 
de qué hablar.

En el otoño de las rosas,
en cada hueco de mis dedos,
en el corazón de una nube...

Tu recuerdo es hoy
cada día más dulce.

¡Todo irá bien!
Un mundo feliz
es cantar a la vida,
al lado bueno de las cosas,
y que aclare el cielo.
















No es buen poema el silencio

La primera palabra es para ti,
puntualmente,
con la ilusión descorchada,
cuando mis deseos aún riman
en el borde de tu copa.

La primera palabra es para ti,
una vez más,
atravesando muros y ruinas,
sobrevolando tejados;
un año más
para los aires y edades
escritas por Almudena,
para las manos que anidan
narrativas por contar.

Un año más
quiero perderme en tus ojos,
quiero melodías contigo,
días por venir
y puntos de fuga infinitos
donde los miedos se ausenten.

Quiero alegrías por verte,
lugares llenos de vida,
respuestas por alcanzar.











IV. Huellas






Dulce memoria

Donde limitan las noches
construidas por los dos,
sombras, figuras...

¿Qué voy a hacer sin tu sonrisa?
¿Qué voy a hacer si al despertar 
todo es recuerdo?

Madre, nada más triste
que ver la nieve sin ti.

Sigo caminando,
tan solo tengo caminos.
No salgas del sueño.











V. Contra el olvido 






Inspiración y locura

Pudieras ser
distancias, precipicios,
isla imposible,
el bello rostro enmarcado
de un cuadro perfecto.

Pudieran bronces otoñales
persistir en cada boceto,
versátiles artes modernos,
clásicos renacentistas,
formas, color, pensamiento... 
 
Pudieras ser
luz que en el alba
traspasa el tiempo,
colmando de muestras
la inspiración.

En aquel lienzo
donde te inventé,
en cuerpo y alma
guardo los restos,
restos de amor.
















Mariúpol

Hace tres horas
ardió mi casa,
y la de mi amigo Nikolai...

Luego, el silencio;
silencio que duele,
y el miedo a jugar.














Cronos

Oigo sus pasos llegar,
la misma avenida,
vaivén de los años,
y en un cansado reloj
la vida empieza de nuevo.

Suerte de haber coincidido
antes de una cuenta atrás
en nuestros mundos lejanos,
con Marley, Mercury, Camarón
y el Duque Blanco en los ochenta.

Dicen que buenos tiempos llegarán,
y dicen, dicen...
















Retrouvailles

Recordando los perfumes
de un verano en Cadaqués,
de plenitudes ancestrales,
niños volando cometas
mientras leía a Brassens,
la raya azul en sus ojos.

Y el amor era una carta,
una creación de Jacques Brel
entre amargor y ternura,
dos marcas de labios rojos
sobre pañuelos de seda...
 
Hay libros que no deberían
terminar nunca,
como el sabor de las frutas con cava,
como los primeros compases
que abrieran el baile,
como el deseo de ser mar

El invierno ha llegado,
siempre llega,
subiendo por la avenida,
en esos días de lluvia
donde añoramos al sol,
un sol que todo renueva.
















Entre hojas secas

Siento carencia de ti,
sin tu mirada la mía
delatará soledad;

soy las hojas de un diario,
un amor sin escribir
en clara ausencia de letras,

condenadas,

miedo silente,
manos repletas de versos
por quererte
y no te encuentran.











VI. Aquello que nos sostiene 






Tiempo sin saber

«Es domingo por la tarde,
escucho “Riders on the Storm”
mientras repaso las notas
con el recuerdo de ti»

Veíamos trenes del norte
pasar desde nuestra casa,
generaciones perdidas
con los bolsillos vacíos.

Veíamos las rasgaduras
en telas de antiguos lienzos,
la vieja calle inundada,
los efectos personales.

Atrás quedaron los blues,
La Noche cerró sus puertas,
atrás, la otra realidad
de pausas interminables.

Para crear una historia
con miles de tus sonrisas,
para guardar lunas llenas
y desearte una vida.

Por ti vendí mi guitarra
y la vieja máquina.
Sin ti me sobran los días,
y así no debería ser.
















Ars amandi

Para ignorar los instantes
de lágrimas pasajeras
adivinaba a Monet
inmerso entre sus colores.

Era como pasear
por bulevares de flores,
igual que un libro prestado
con una cita siguiente.

Para aprender de memoria
el lenguaje de la piel,
sus manos sembraron arte
y yo mis versos mayores.











VII. La última luz 






Puerto dulce

Si no eres tú,
será el fondo de un abismo
perdido en los espejismos
donde habitan los secretos.

Si no eres tú,
será una escalera a la luna,
una historia sin fortuna
para alejarme del mundo.

Si no eres tú,
será esperar en las rocas,
entre infinitas ondas,
la llave de los misterios.

Si no eres tú,
será quedarme en cubierta,
arreciando la tormenta
en océano profundo.

Si no eres tú,
cambiaré el rumbo a puerto
y buscaré por el viento,
atravesando el azul.
















Decir adiós

Sin darme cuenta,
el corazón se ha rendido,
presa de antiguos paisajes.

Ella con su mejor vestido,
yo entre vanas elocuencias,
luciendo mi peor traje.

Siento tan cerca la hora
que, sin motivo ni musa,
pondré fin a mis poemas.

Y en esta cita con nadie,
si existe banda sonora,
es la lluvia.