I. Nace la noche
La mujer del baile
Deseaba inventar un sueño,
ser cada poro en su piel;
deseaba la soledad
de aquella luna de marzo.
Tanto mirar su sonrisa
que se encontró con el día,
con el sol en movimiento.
Y el tiempo de su figura
retrocedió algunos años;
la orquesta seguía tocando...
Ella fue literatura
y al amor de sus amores
nunca quiso llevar flores
para no verlas morir.
Aún presiento
Insomnia
Cuando todo acabe,
tras la eterna espera,
olvidaré este lugar.
Seré una puesta de sol,
tesoros que guarde el mar
con el color de tus ojos.
Cuando todo acabe,
renunciaré a lo que he sido
solo por verte brillar,
solo por ver la luz.
Espíritu viajero
Camino de norte a sur,
conoce bien mis verdades;
ella, continua belleza
que las pupilas no alcanzan.
Camino,
invisible por su magia,
como tierra que se esconde
a escasos metros del agua.
Ser inmensidad,
rodear los mapas.
Ahora,
que el cielo invita a tormenta,
que nuestras lenguas se ahogan,
que todo es poco,
que es mi principio y final,
nada apagará las luces
de su presencia
en mi guarida.
En la ciudad sin estrellas,
maullando por los tejados,
sobre cornisas heladas.
Si el amor muere conmigo,
abandonarme esta vez
entre unos versos de Lorca;
silencioso amanecer,
que las voces me respondan
y un libro sobre el mostrador
que lleve escrito su nombre.
II. Primavera en los labios
que en las alboradas frías
nunca mientan los poemas.
Déjame soñarte,
si nada queda por decir
en una estancia vacía.
Déjame ser ilusión,
sentir que se hace pequeño
contigo cualquier problema.
Déjame tener tu sabor,
que solo escuche el aliento
entre tu boca y la mía.
III. Aquello que nos sostiene
Puntos suspensivos
Reconozco cada paso
subiendo las escaleras,
sin más deseo que amarse.
A nuestra manera,
siempre acabamos
desvistiendo los deseos.
Por eso no limpié el lenguaje
y tengo prohibido el paso
a otros instantes.
Por eso, al cruzar tu calle,
busco señales de humo
y me detengo.
Tercer intento
Nunca preguntó por qué
en su bolsillo había tizas
que inventaban corazones.
Nunca preguntó por qué
de una guitarra las notas
invocaban a Gardel,
rasgando tangos en liza.
Nunca preguntó por qué,
y regresó a Buenos Aires
una vez por vacaciones.
Entre Abasto y los poemas
que un día Alfonsina buscara
más allá de Chacarita,
entre el rumor de los bares
y el fuerte olor a café
que a muertos resucitaba.
Después de una vida entera
no se atrevieron sus bocas.
Después de tanto querer,
veinte años fueron nada.
Mayo del 39
sus pisadas tras la puerta
de una infeliz primavera,
de cristales rotos.
Aún recuerdo
el palpitar de las hojas
sin más patria ni bandera
que el color de aquellos ojos;
su pelo rojo,
la fantasía en su piel,
el miedo en las calles.
Calles de Madrid,
el viejo Madrid...
Tiempo después,
bajo el gris de un amanecer,
cayó el amor malherido,
entre poesías de amigos
que no volvimos a ver.
Cambio de piel
Se miraba en el espejo
como saliendo de un pozo,
libre su cuerpo.
Atrás quedaba una madre
a la salida del colegio,
atrás los malos recuerdos,
la letra de una canción.
Atrás los viernes con Lola,
la infancia en un probador
que equivocaba la llave.
Y Nueva York era un sueño,
uno de tantos,
donde olvidar cualquier nombre,
incluso el propio.
Se miraba en el espejo
de un invierno que se fue,
sin maquillarse.
Demasiadas canciones
nos echan de menos
Le puse nombre a un planeta
para hacerlo suyo
y sobre los tejados asomó la luna
para no dejarme solo.
¿Quién eres tú?
—preguntó al verme—.
qué aguardas otra estación
o en otra vida si hubiera,
que de ella es la inspiración,
en cada acorde, en cada cuerda…
Entonces me hizo comprender
que hay que luchar por los sueños,
que no se vive solo de amor.
IV. Paisaje interior
El olvido
Esperaré contigo, amor,
a que caiga la noche;
como huella en la arena,
como gotas de un río
que caen por dentro,
que a veces suenan,
como el lamento
de haberme perdido
parte de ti.
Esperaré contigo, amor,
a que prendan los faroles,
como tantas veces,
imaginando un mañana,
una voz que me canta,
peinando canas,
sonriendo siempre.
Fantasmas de un cuento mejor
Alguna vez
pueda decir un poema,
de esos que hablan de amor,
cuánto se echaron de menos,
sin interrogantes
en la memoria,
regalando una magnolia
al despertar.
Alguna vez,
desatados de la cama,
rompan jirones de alambre
que un día cosieron el alma.
Recuperar la ternura,
el pánico a las alturas,
no sentirse nunca tan frágil
ante un cartel de llegadas .
Pasos que son Berlín
por el aeropuerto,
las prisas por unir
sus lazos,
encontrar la otra mitad
en el mismo sitio.
Buscando un sol,
históricos monumentos
donde quedarse,
sin resguardarse,
empezar por el final
y volver a enamorarse.
Puede que no se hayan ido.
V. De respirar
La marea
El corazón que habito
sigue pendiente de ti.
¡Cuánta locura!
Perderse en la oscuridad
en medio de la tormenta.
¡Tempestad!
Has tentado mis ansias,
creando un camino de estrellas
con cada uno de tus relámpagos,
nacido y anidado en las entrañas,
en un mundo de tinieblas,
de enardecida pasión.
¡Calma!
Refugio de malos vientos,
secreto de un instante contenido,
paraje de delirante ocaso
envuelto con el eco de su risa,
cuando la piel aún denota
el tacto que hizo temblar.
No más amanecer sin tus cariño,
no más noches de soledad,
no volverán las lágrimas,
de tus flores las espinas...
Me quedaré a vivir en tu voz.
Altos sueños
Corto es el vuelo
de las aves de ciudad,
cortas las alas
que me separan de ti.
“Y vuelves a atrapar mi tristeza
para esconderla en tu bolsillo,
para alejarla de mí”
como en Los puentes de Madison.
Todas las notas en ti
Seré su fiel guardián
y mis besos escudo,
seré del verbo amar
siempre gerundio,
seré secreto por guardar,
un susurro, una palabra,
seré al respirar su aliento.
Seré en una canción
sus notas,
seré por querer ser
lo que quisiera tu boca.
Los mismos bares,
las mismas calles
ardiendo bajo los pies,
poco ha cambiado;
arreglaron las aceras,
al final de la avenida
ya no hay periódicos,
y como entonces
"summertime"
suena en la radio.
En la habitación,
antiguas letras,
igual que ayer
alguien te ha escrito,
nunca hubo tiempo marchito
en las flores de tu pelo.
Para que nunca te fueras
cambié los muebles del salón
esperando mejor suerte,
me deshice de silencios
y algún que otro desvarío;
también tiré a la basura
del amor su caja negra,
antiguas lunas crecientes,
y faltas de ortografía
que un día tuviera contigo,
por regresar
a las calles de tu barrio,
ser aquella primavera
donde Pau cantaba a su flaca,
cerca del mar.
VI. La oscuridad
Si nos sorprende el invierno
deshojando el calendario,
si nos acechan recuerdos
que colorean tus manos,
no dejes de hablar;
porque es momento
de escuchar nuestras voces
aún desnudas
a través de las persianas
y acordes de algún bolero
que en otro tiempo bailamos,
cuando pudimos ser nada,
antes de querernos todo…
treinta años atrás.
Resaca
Por los rincones que guardan mi edad,
sigo tus pasos con la creencia
de un idiota arrepentido.
Lavo mis ojos con agua de mar
mientras tus peces
viven conmigo.
VII. No más despedidas
Punto de fuga
Ahora que está limpio el cielo
y en los tejados resplandecen
anuncio de un nuevo día,
distingo el color de tus ojos
sin lunas de escaparates
con incitante desvelo;
lejos de turbios lugares,
de absurdas fiestas mentira
y torpes pasos de baile.
He vuelto a mirar tu foto
(será la enésima vez)
la que sonríe a la vida.
Es tiempo de amar,
de renovar cortinas,
de vender las acuarelas,
tiempo de elegir,
de vaciar papeleras
y volver a sentir,
tiempo de reivindicar
aire para quien respira,
de pinturas sin final,
sin espejismos.
VIII. La plenitud
Ventanas
Siento tu respiración,
siento las manos cerca
de nuestros cuerpos;
en frías estancias,
la casa sin amueblar,
tus dedos sobre la piel
llama invisible.
Acostumbrando a buscar
cada palabra de Frida
entre sus cartas de amor,
yo en tu lugar hubiera
hecho lo mismo,
estaba escrito.
Recoge las cosas,
de los malos consejos
ponte a salvo,
si resbala el mármol,
tomando impulso
será más fácil saltar.
Ahora que estamos los dos,
ahora que la melancolía
sugiere buenas comedias,
después de tanto llover
valió la pena,
gracias por existir.
Días que vendrán
Vamos a ocuparnos
de reparar corazones
con las viñetas en blanco.
Si hay que beber, bebamos;
mezclemos besos con ron.
Regresaremos andando
de innumerables paradas.
En las fiestas de guardar,
salgamos de nuestro agujero
a rescatar del ayer
su máscara sonriente.
Vamos a llevarnos
la libertad de lo puesto,
cruzar océanos, continentes.
Y si una lágrima llegase a caer
en la acuarela de un río,
que cruce mares y distancias.
Líneas de paz venideras,
mente prendida y viajera,
al fuego de nuestros labios.
Pendientes del cielo
En tu belleza absoluta
no esta exenta la cordura
y si locura es quererte
es mi deseo por verte
anclarme de tu cintura;
en la memoria las manos,
por encontrar tu figura,
y en las alturas descubrir
que todo gira en torno a ti.
IX. Cierra la noche
Bajo la luna de Siwa
Así, de golpe
el viento borró las huellas,
por las arenas
los blancos atavíos
se oscurecieron;
y nos amamos
en el anochecer de otros mapas,
ante sus aguas,
probando el cielo.
"Amantes tiene la luna
que sostienen su mirada"





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