7 de marzo de 2023

Cedo la palabra





I. Donde la voz no se apaga




Por ellas

Cedo la palabra
a quien quisiera leer
causas mejores que ahora 
por mí debieran tenerla.

Cedo la palabra
a quien la vida conmueva,
desde las bocas del hambre
a las que miran al cielo.

Cedo la palabra
a una razón que pudiera
en el silencio ser grande,
a las voces de la calle,
a las que no la tuvieron.














La belleza

Como piel de las estatuas
detenerse, ser una misma,
y que regrese a mi rostro
sus flores tras el invierno,
como tratando de ver
que nada nos pertenece.














¡No!

No soy para nadie:
ni perla prometida,
ni niña consentida,
ni besos robados,

ni bella durmiente,
ni dama valiente, 
ni pienso de más,
ni grito de menos.

No estoy en un estante, 
igual que un florero.
No soy para siempre.














Liberta

Cuando amanezcan las flores
sobre los campos del sur,
infinitos como la nada,
como la nada que somos.

Ser, estar...

Cuando me vean marchar
un día descalza en la lluvia,
entonces no pensarán:

—Pobre niña soñadora.














Poetisa

Como se miran los enamorados, 
miras al cielo que te inspira;
riegas la tierra
con líricos entramados,
y a la orilla de tus versos
nubes de arena envidian al agua.














Aurora

Claridad, alma serena,
llena mis ojos de amaneceres,
esquirlas de luz
que conocen mi secreto.

Y aunque todo caiga,
yo permanezco
atravesando la vida
por los remansos del tiempo

–Porque no todo va a ser poesía,
despierta, porque cuanto más 
despierta, más les duele.









II. Donde regresan los días 






Amigas

Cuando te acuerdes de mí,
seremos entre la noche
 almas libres por el viento
que el tiempo no se llevó.

Seremos una mañana
disfrazada de colegio, 
eterno mundo de dos,
el sitio de mi recreo…

Cuando te acuerdes de mí,
soltará lastre un pasado
experto de los problemas,
regresará la inocencia. 

Y aquella niña de ayer
que no perdió la esperanza, 
sin dejar de ser pequeña,
sin querernos separar... 

Porque distancia no habrá 
 que desate nuestros lazos.
Llama a la puerta de al lado
cuando te acuerdes de mí.














En tu nombre

Quisiera ser como un pájaro,
atravesar hoy las nubes,
poder llegar hasta ti.

Quisiera ser más pequeña,
mi cabeza entre tus brazos 
y una mirada gigante 
en cuanto escucho tu voz.

Quisiera ser tantas cosas
para que nunca te fueras:

Madre, 
no todo sucede por algo.














Amore di nonna

Anda por mi cuerpo
tu alma soñadora,
alumbrada por el verbo.

Aprendo colores, 
formas de luz,
aroma de recuerdos...

Y la piel que he llevado
muere tras de ti.














La calma

En la ensoñación de la tarde,
entre la noche callada,
aun pereciendo los días
en una casa vacía, 

tiempo adentro...

Que nadie robe tu palabra.














Para no olvidarte

Quién pudiera ser memoria
por las aguas de otros lares,
quien pudiera ser edades 
de tiempos nunca vencidos.

Quién pudiera ser camino,
descender por la corriente,
quién pudiera en el presente
volver a ser como antes:

sin que el sol una mañana 
se derrumbe, 
y nuestras sombras
de nostalgia sientan frío.












Mujer en Odessa

Se posaron madrugadas
de febrero en mi ventana,
aguardando ver las rosas 
con sus breves alardeos.

Lenta y crispada,
la llovizna del recuerdo 
trae los hijos que se fueron
de mi sonrisa,

en una noche cualquiera,
desde una jaula de huesos 
donde el corazón reclama
paz y sosiego.

"Esta es la canción de la última cita. 
Eché una mirada a la casa sombría, 
tan solo en la alcoba ardían las velas 
con una llama indiferente y mustia'









III. Donde habla el corazón 






Dancing in the Moonlight 

Frente a ti, mi figura
envuelta de azul nocturno,
abriendo paso al amor.

Mueves el mundo
aunque tú no lo sepas,
mágica luna,
ahora nos toca bailar.














Ruta de la Plata

Poco pudiera importar
equivocarme de nuevo,
perder el norte otra vez,

si es tu aire el que respiro
y tus pasos, el camino
que lleva al sur de los sueños.














Caricias de abril

Las rosas nacen de estrellas
cuando oigo tu voz,
tu lejanía se hace corta
con el sonido del viento,

y vivo despierto
por si abres mis noches,
buscando mi norte,
en lorquianos inviernos
de promesas olvidadas.

Me atreveré a pasar
de puntillas por mis sueños
para escapar
con las alas de los versos,

me atreveré a sellar
en tus labios los poemas,
me dejaré llevar,
y en manos de un niño
serás ilusión.














La desconocida

Libera de tristezas los insomnios,
con tus manos acaricia mi pasado,
encierra la melancolía.

Que en la cárcel de tus labios
no hay camas frías,
y cada noche la vida
dibuja un mapa en la piel.














La deseada

De tanto escribir su nombre,
tendió a secarse los versos
en la cuerda del amor,
y de belleza
ahora se visten mis sueños.














Sherezade

Si consiguiera la llave,
entrar en tu corazón
y no volver a quedarme
un día más en la puerta.

Si consiguiera la clave,
saber la combinación,
abrir cerrojos y el alma
de ancestral leyenda...

Si descubriera esa sonrisa,
mil y una noche perdida,
me sentaría a tu lado
en ese bar de enfrente.

Serías la protagonista
en el papel de mi vida
y no la actriz invitada
que saborea un café.














Momentos

Todavía no te has ido
y estoy echando de menos
en tus cabellos el sol.

Todavía no te has ido
y estoy construyendo un sueño
con versos de mil tequieros.

Y la noche entre maullidos,
dos verdades de ojos verdes
que aunque nada quede en pie,
sonríen por los que fueron,
por los años de los años.














Zahara

Escribo pensando en ti
y echo las hojas al viento,
desvelados sentimientos, 
playas lejanas...

"Se me va de los dedos 
la caricia sin causa"









IV. Donde termina la tormenta 






La otra

Me he despertado nerviosa,
como lo hacía antes.
Por mucho tiempo que pase,
sigo poniendo candados
a las puertas,
por si el silencio
hace ruido.

Pudiera creer
que me incendiara de nuevo
entre la luz de las velas
olvidando mal de amores,

aprendiendo a distinguir
la soledad de unos ojos
con el cielo de Paris
en hora punta.

Pudiera creer
que existe el calor de un beso 
en el verano de otra boca, 
con mil fotos de colores,

aprendiendo a traducir
la vida en distintos idiomas.
Pudiera volver a querer, 
sentir más cerca la calma…

Ojalá no te hubiera 
conocido nunca.














Nunca más

Trae al menos la paz
a mis oídos,
arrójale a mi noche
tu mañana.

Si alguna vez el amor
pasa de largo,
más allá de sus brazos
queda vida.

No cambies tu color
por rosas negras,
no pierdas la ilusión,
no habrá más sangre
para teñirlas.














El rechazo 

Seré la espina,
patio que en mi soledad
nadie me ve,

Miedo, esperanza...
tímido cerco
de luna blanca,
lluvia de abril,
velo de sueños,
baile de máscaras 
empeñadas en reír.














Vuelta de hoja

Yo estaré sola, pero tú no;
tú ríe, tú vuela,
y cierra por fuera
que la vida es mucho más.

Déjame una eternidad,
en el cielo de tus ojos…
que use mi tinta,
cuando mi cuerpo
termine de volar.

Soy la del abismo en letras,
la que voló a ras de piel 
y acabó con alas rotas
en este cielo de papel.














Rompiendo mares

De mis naufragios,
un corazón oxidado
en poemas al desamor.

De tus orillas,
manos de espuma
trenzando versos.

De mis naves,
tus anhelos próximos,
tan ausentes.

De tus pecados,
mi dolor preso
rompiendo mares...
y silencios.

De mis desvelos,
aves nocturnas
explorando alrededores.

De tu sonrisa
cuartos crecientes
reflejados en la arena.

De mi garganta
voz de sirena rota,
silenciada en grito.

De tu pecho,
el miedo siempre
a ser atrapado por el fuego.














Letra a letra 

Oigo su voz, o eso creo,
siguiendo río abajo.

Esta vez las cenizas
no irán al mar,
en césped artificial
puede existir paraíso.

Mis agrietadas manos
se negaron a acariciar
las paredes del ocaso.

Se abrieron mis ojos
al mundo de los vivos,
burlando al obstinado destino.

Sin vida, letra a letra,
las puertas rotas
callando la verdad.
 
Oigo su voz y sus pasos
aún más cercanos 
(o eso creí)

No me dejé arrastrar
por la corriente del olvido,
me despojé de mis lunas,
dejé caer todos mis ocres
de infinitos escondidos
despertando en mí.









V. Donde nacen las flores





Meraki

Allí donde nadie puede llegar,
quisiera ser una nube
y en la altura divisar
cuando se cierran sus ojos
la tercera luna,

Allí donde nadie puede llegar,
insomne en la oscuridad,
es su planeta pequeño.

Qué inmenso el arte,
que nos recuerda...

"Todo se arma y se desarma
cuando menos te lo esperas"














La única llave

Confiar el tiempo
en manos del arte,
por abrir al aire
las puertas del corazón. 

Paso al amor,
madre, vida...

Anida mi libertad,
defiende ante la mentira
tu memoria.

No me sueltes;
lejos serás utopía, 
y yo, en silencio, una más.














Días de cine

Supo atravesar la piel
sin tinta ni aguja,
hilar la noche y el día,
endulzar cada café.

Supo enterrar el ayer,
quitar las manchas de vino,
poner la palabra justa;

que a falta de cariño,
no se empañaran los versos
bailando bajo la lluvia,

que no viera en la ciudad 
belleza desde aquel amanecer.

Fuimos de repente como dos extraños
en busca de un hotel en Casablanca.
Tú no eras Bogart ni yo Ingrid Bergman;
poco importaba ya cómo llamarnos. 

Quedó el volver a descubrir un tesoro
sobre tu piel, en un oasis de palmeras,
cual dos amantes que naufragaran,
atando cabos sobrevivimos.

Quizás fuese proclive al desengaño,
quizás el destino rehuyó capturar 
vientos en velas que detuvieran
el tiempo que nos amamos.














En la ciudad que no vimos

“No todos los caminos 
conducen a Roma”.

Tenía razón.
Su arte me hizo sentir
y a las estancias vacías
trajo el frescor de su aroma
para renovar el aire.

Y me hizo recordar
que las emociones se suben 
a una montaña rusa
para revivir el tráiler
de un verano que acabó,

la adicción por las margaritas
y un barrio lleno de sueños 
en dirección al banquillo 
de las promesas.

“No siempre nos quedará París”.

Tenía razón.
Aún sigo por el mismo andén,
mientras se cruzan las vidas
buscando casualidades,

observando segunderos
ante paredes ajenas
hasta que muere la tarde,
desde mi sombra a su calle,
entre certeras caricias,
desnudando las verdades.

Ahora vendrá,
con el latir de una ilusión,
en la ciudad que no vimos
y el amor sobre la mesa,

a pesar que nuestros labios 
se suicidaron en el brindis 
de una salida de emergencia.

En ese momento
nos iremos en silencio
para buscarnos
donde nos perdimos tantas veces.


(Con Silvia Savall)














Victoria

Llevan mis pasos 
por arenas de recuerdo.
Vence a los años
eterno olor a café, 

mientras tus dedos
tiñen de azul
ilusiones necesarias.

No he renunciado.
Tengo una sala de espera
para la ausencia.

A falta de ser poesía,
contra palabras en vano,
mis ojos brillan por ti...
y hasta pienso que me lees.














África

Al cielo, tus manos abiertas
danzan a felicidad,
cantos de ébano y marfil,
de eterna blanca sonrisa.
 
Cantan coloridos pájaros
el regresar de la lluvia.

Canta a los caminos verdes,
a la luz de un nuevo día, 
canta a una tierra sin horas,
a grandes dioses, a tu fe.

Canta a todo lo que ves
mientras renace a la vida.














Y cada primavera 
renacerán las rosas

Alma que das vida
cuando ellas alzan su vuelo,
anudadas, rostro a rostro,
transitando recodos,
cauterizando cada curva.

Amparo de nuestro pecho,
no hay martirio de la tierra
que pueda ensombrecer.

Uno del otro,
hallemos eterna alborada.
Dilatemos nuestro camino
por el mundo.

Amor mío:

emigrando del ruido,
inseguro de la humanidad,
mientras lloran las ventanas
me resguardaré
 en tus ojos.

Dejaré evaporar los atuendos,
creando un lugar único
para amarnos.

Prometo no rendirme jamás.








7 de agosto de 2021

Donde nos llevó la imaginación








I. Comienza el verso






A ti que me lees

Para que la soledad
no persista,
el cielo es claro,
la luna tiene dos caras,
el tiempo nos mira...

Para llenar mis recuerdos,
existes tú.














De mis estaciones contigo

Píntame 
amaneceres candentes,
la eterna luz del mar
cuando el siroco lo estremece
frente a playas silenciosas.

Píntame
con pinceles que amanezcan
a las pasiones dormidas,
con esa forma tuya de tocar el lienzo
como quien acaricia una herida
hasta volverla belleza.

Píntame
inmensos cielos de Nápoles 
clareando en tu mirada,
abriéndose hacia la mañana
como si el alba prendiera
a tu infinita pureza.

Y allí,
mientras espero
a la sombra de tu puerta,
aprendo que en la memoria,
donde naufragan historias,
existe un temblor turquesa
que enciendes bajo la piel.
















Tránsito 

Hoy, para ser feliz
necesitaría tus manos
como raíces de un árbol
al que aferrarse la vida.

Necesitaría tus mañanas,
su luz en mi despertar,
tu savia nueva cada día;

que la distancia 
no fuera abismo
por donde siempre cayera,
que una llama no prendiera
en otra hoguera de olvido.

Hoy, para ser feliz,
necesitaría los besos
de ti colmando mis noches,
que aflojaran este nudo;

necesitaría una ventana
desde tus ojos mirar,
formar parte de tu mundo.

 Sin darme cuenta,
el corazón se ha rendido
presa de antiguos paisajes:

ella en su rojo vestido,
yo entre vanas elocuencias,
luciendo mi peor traje…

 Y nada hay más triste 
que mirar al mar sin ti.











II. Palabras de amor 






Campanas de Luarca

Ámame al instante,
que la tarde no regresa
y el corazón, aunque insiste,
no secará las gotas derramadas.

Bebamos de la lluvia
antes de que la piedra la devore,
antes de que el tiempo
desvista los jardines.

Y si un día te marchas,
regálame tu aroma
perdido entre los libros,
la rémora que queda
en la taza vacía.

Resta mi cansancio:
soy barro y ceniza;
a veces me derrumbo
como un muro vencido.

No será inútil
la luna en los tejados,
ni el temblor de los árboles
cuando abril amanece.

No será un ruego 
esta sed infinita que nos llama
bajo constelaciones.

Y si un día te marchas,
regálame tu risa clara
rondando por el viento.

Eso será bastante.

Con ella haré canciones
y abriré las ventanas
como un rezo sin templo.
















Bella Leda

Sé que no fue un espejismo
por el fuego, por su aroma.
Su cuerpo era una leyenda
y yo queriendo ser cisne.














Si ayer solo eras hermosura
hoy eres amor

He surcado las noches sin cielos, 
derramando lágrimas desde el mar. 
He naufragado 
con cada una de las sirenas.

He dibujado de mil maneras 
nuestros nombres, 
he dado vida a los sueños, 
con ellos he creado un latido
de línea exacta,
pequeño e imperfecto corazón. 

Has bajado con las nubes, 
acariciando tus manos 
la humedad de nuestra tierra;
en ella has dejado tus huellas.

Has dibujado tu mundo junto al mío,
un lugar donde encontrarnos.
He conocido contigo el amor...

—¿Me quieres?
— Sí, más de lo que imaginas.
—A veces es difícil imaginar.
—Pues imagina un universo.
—Un universo es mucho.
—Sí, una eternidad.
















Ave de paso

Quizá de tanto saber 
que en los sueños existía, 
la adivinaron mis labios.

Quizá de tanto escuchar
las aves del amanecer
acariciando su pelo, 
fui brisa de la mañana.

Me dejé llevar;
por sus aguas navegué,
y es tan poco este poema 
que espero una luna llena 
para acercarme a su lado.











III. La voz que queda 






Eterno

Todo huele a mañana, 
como tú,
las manos llenas de flores,
abrazos por los rincones,
el frío en las piedras;

tiempo que aguarda
ante desnuda belleza,
erguida al cielo,
presto al abrigo,
de soledad verdecido,
de azul perfecto.

Todo huele a mañana,
como tú,
noviembre, los pasos
de antiguas calles,
campana de doce vinos,
ser caminante por ti.

Húmedo al viento,
versos declama
que a ver no alcanzan
hasta el Esla su descenso,
seguir su cauce,
entre maleza, nombrarte.

Todo huele a mañana
como tú, todo,
en este día
que de amor muero.

















Tres deseos 

Tal vez cuando leas esto
las minúsculas se hayan nublado.
Tal vez para ojos lluviosos
guardé una tarde de sol
por si hacía falta.

Saldrán a buscarte palabras
en siluetas de versos, saldrán,
y saltando de hoja en hoja
mil millones de instantes 
de qué hablar.

En el otoño de las rosas,
en cada hueco de mis dedos,
en el corazón de una nube...

Tu recuerdo es hoy
cada día más dulce.

¡Todo irá bien!
Un mundo feliz
es cantar a la vida,
al lado bueno de las cosas,
y que aclare el cielo.
















No es buen poema el silencio

La primera palabra es para ti,
puntualmente,
con la ilusión descorchada,
cuando mis deseos aún riman
en el borde de tu copa.

La primera palabra es para ti,
una vez más,
atravesando muros y ruinas,
sobrevolando tejados;
un año más
para los aires y edades
escritas por Almudena,
para las manos que anidan
narrativas por contar.

Un año más
quiero perderme en tus ojos,
quiero melodías contigo,
días por venir
y puntos de fuga infinitos
donde los miedos se ausenten.

Quiero alegrías por verte,
lugares llenos de vida,
respuestas por alcanzar.











IV. Huellas






Dulce memoria

Donde limitan las noches
construidas por los dos,
sombras, figuras...

¿Qué voy a hacer sin tu sonrisa?
¿Qué voy a hacer si al despertar 
todo es recuerdo?

Madre, nada más triste
que ver la nieve sin ti.

Sigo caminando,
tan solo tengo caminos.
No salgas del sueño.











V. Contra el olvido 






Inspiración y locura

Pudieras ser
distancias, precipicios,
isla imposible,
el bello rostro enmarcado
de un cuadro perfecto.

Pudieran bronces otoñales
persistir en cada boceto,
versátiles artes modernos,
clásicos renacentistas,
formas, color, pensamiento... 
 
Pudieras ser
luz que en el alba
traspasa el tiempo,
colmando de muestras
la inspiración.

En aquel lienzo
donde te inventé,
en cuerpo y alma
guardo los restos,
restos de amor.
















Mariúpol

Hace tres horas
ardió mi casa,
y la de mi amigo Nikolai...

Luego, el silencio;
silencio que duele,
y el miedo a jugar.














Cronos

Oigo sus pasos llegar,
la misma avenida,
vaivén de los años,
y en un cansado reloj
la vida empieza de nuevo.

Suerte de haber coincidido
antes de una cuenta atrás
en nuestros mundos lejanos,
con Marley, Mercury, Camarón
y el Duque Blanco en los ochenta.

Dicen que buenos tiempos llegarán,
y dicen, dicen...
















Retrouvailles

Recordando los perfumes
de un verano en Cadaqués,
de plenitudes ancestrales,
niños volando cometas
mientras leía a Brassens,
la raya azul en sus ojos.

Y el amor era una carta,
una creación de Jacques Brel
entre amargor y ternura,
dos marcas de labios rojos
sobre pañuelos de seda...
 
Hay libros que no deberían
terminar nunca,
como el sabor de las frutas con cava,
como los primeros compases
que abrieran el baile,
como el deseo de ser mar

El invierno ha llegado,
siempre llega,
subiendo por la avenida,
en esos días de lluvia
donde añoramos al sol,
un sol que todo renueva.
















Entre hojas secas

Siento carencia de ti,
sin tu mirada la mía
delatará soledad;

soy las hojas de un diario,
un amor sin escribir
en clara ausencia de letras,

condenadas,

miedo silente,
manos repletas de versos
por quererte
y no te encuentran.











VI. Aquello que nos sostiene 






Tiempo sin saber

«Es domingo por la tarde,
escucho “Riders on the Storm”
mientras repaso las notas
con el recuerdo de ti»

Veíamos trenes del norte
pasar desde nuestra casa,
generaciones perdidas
con los bolsillos vacíos.

Veíamos las rasgaduras
en telas de antiguos lienzos,
la vieja calle inundada,
los efectos personales.

Atrás quedaron los blues,
La Noche cerró sus puertas,
atrás, la otra realidad
de pausas interminables.

Para crear una historia
con miles de tus sonrisas,
para guardar lunas llenas
y desearte una vida.

Por ti vendí mi guitarra
y la vieja máquina.
Sin ti me sobran los días,
y así no debería ser.
















Ars amandi

Para ignorar los instantes
de lágrimas pasajeras
adivinaba a Monet
inmerso entre sus colores.

Era como pasear
por bulevares de flores,
igual que un libro prestado
con una cita siguiente.

Para aprender de memoria
el lenguaje de la piel,
sus manos sembraron arte
y yo mis versos mayores.











VII. La última luz 






Puerto dulce

Si no eres tú,
será el fondo de un abismo
perdido en los espejismos
donde habitan los secretos.

Si no eres tú,
será una escalera a la luna,
una historia sin fortuna
para alejarme del mundo.

Si no eres tú,
será esperar en las rocas,
entre infinitas ondas,
la llave de los misterios.

Si no eres tú,
será quedarme en cubierta,
arreciando la tormenta
en océano profundo.

Si no eres tú,
cambiaré el rumbo a puerto
y buscaré por el viento,
atravesando el azul.
















Decir adiós

Sin darme cuenta,
el corazón se ha rendido,
presa de antiguos paisajes.

Ella con su mejor vestido,
yo entre vanas elocuencias,
luciendo mi peor traje.

Siento tan cerca la hora
que, sin motivo ni musa,
pondré fin a mis poemas.

Y en esta cita con nadie,
si existe banda sonora,
es la lluvia.