1 de octubre de 2017

Piel adentro






I. La memoria del tacto






No ser recuerdo

Aún le debo a tu sonrisa mis mañanas,
y por cada palabra, un beso
que pronunciara en tu boca.

Aún le debo enamorarse sin miedo
la piel de nuevas caricias,
tus labios contra mis dedos…

Me gusta saber que sonríes
aunque no te pueda ver.














Partiendo de cero

Una fecha en la memoria,
un largo día sin nadie,
y tú que lo envuelves todo.

Un abrazo de la tierra,
la tenue luz de una vela
por despojarme de la luna
en citas oscuras.

Quiero invocar al huésped
que viva en tus brazos,
aún más, tentarte
con mi primera caricia.

Mientras deambulo
por el monte de las ánimas,
bajo luceros de lluvia,
sin encontrar el color
que prefieren los sueños.

Tiempo que dueles ausente,
miedo en su punto de espera,
una oda a la locura.

De un corazón que no miente:
tener prohibido olvidarse,
en soledad, en otra senda,
en vanas frases perdidas.



















Mi musa

Deja que me declare
insumiso al olvido,
déjame pasear
por las calles de tu barrio,
ser un púrpura atardecer,

casi invisible,
sin hacer ruido,
tú de papel
y no besarte
por miedo a borrarte.

















En cuarto creciente

Por ti sigo mirando los árboles
sin saber que ando perdido,
crisálida de seda, ansiada espera,
absorta fascinación ante soplo de vida.

Por ti, noche invasora
de melancólicos regresos,
dejo los restos cerrando heridas;
ya nada importa.
















Volver

Me arropaba cada noche
bajo un azul de ilusiones,
a ojos del mundo pequeño,
temiendo en la oscuridad;

y una lámpara encendida,
desafiando los miedos,
a las sombras batía en duelo
mientras se hacían gigantes. 

Tenía cien indios de plástico,
mi gran equipo de chapas
y una madre en la ventana
de un barrio aún por explorar,

donde me creía un pirata
mientras pisaba los charcos,
pegado a una gran mochila
repleta de tanto asombro. 

Cuando era niño no pensaba 
que era niño y sonreía a las fotos 
tras un arsenal de preguntas
con prisas por ser mayor,

y mil respuestas escondidas
se mezclaban con sabores
entre algodones de azúcar,
castañas, pan y chocolate.

Cuando era niño no esperaba
que en el camino tan pronto,
volarían sin cautela 
las agujas del reloj...

y sucumbiendo a la vida
una guitarra a la mañana
le habló de libertad.











II. El pulso 






A flor de piel

Me aposenté en su mirada
y en las puertas de su amor
vive pernoctando mi alma;
no te fugues, pensamiento,

si solo puedes llegar
en sueños hasta su almohada,
deja pues allí tus versos
mientras viene la alborada.

A las puertas de su amor
llevo roto el corazón
y lunas tristes
en la mirada.
















Ya no siento que me ahoga 
la nostalgia

Soñaba con alas de pájaro, 
amaba su libre vuelo,
capaces de bailar con la compañía 
de la única ola.

Soñaba en tus brazos descansar,
ver claudicar horizontes
por detrás de las arenas,
ver cómo el día se esconde.

Tu voz, es como un roce tímido.
Tus besos, la espuma del mar.

Amor, es compartir esta mesa
y en un bolero contigo
nuestra penúltima copa.











III. La herida 






No ser Bukowski 

Me senté a escribir
y al final sólo quería hablar
de café y desamores,
de esas cosas que caben en una taza
y en la memoria de una piel.

Me pregunté si merecía la pena,
si ese intento de poema
no era más que una forma elegante
de perder el tiempo.

Pensé en aquellos años,
cuando debí estudiar solfeo,
dejar que mis dedos aprendieran
lo que hoy buscan mis palabras.

Pero tal vez sólo buscaba una excusa:
una pequeña herida abierta
para poder quejarme,
para encontrar un motivo
y volver a crear.

Me levanté de la silla,
abrí la puerta de la terraza
con la intención de convertirme
en alguien más triste y más interesante.

Entonces entendí
que no era el viejo fantasma de los bares,
ni un hombre hecho de humo y derrotas.

Solo era yo
con una página vacía delante,
un café enfriándose a un lado
y unas cuantas palabras revoloteando.

Volví a sentarme.
Porque quizá la poesía no está
en haber vivido todas las tragedias,
sino en tener el valor
de caminar sobre ellas.



















En el lugar de siempre

Era intentar ser feliz,  
era un viento en las cortinas
mientras los niños jugaban.

Pasado algún tiempo
sigues siendo la misma,
sonríes igual.

Pasado algún tiempo,
sigo siendo el mismo,
aunque nada me sonría.
















Septiembre

Desde la torre más alta
a tu lunar más pequeño,
condescendientes
besos diurnos.

Desde una tela de oriente
a tus piedras favoritas,
tejiendo sueños
parcos en lágrimas.

Desde una noche exhausta
de sentimientos notorios,
desde un presente
sobre hojas muertas.

Desde algún sol disuasorio
que por atajos nocturnos
pase deprisa
a inaugurar la belleza.











IV. El tacto ausente






Última parada

Sabes, de nuevo pregunté por ti.
Debe de ser que no surten efecto
las pastillas de olvidar.

En la oscura habitación
de un simulacro de hotel,
encerrado entre paredes
acostumbradas a todo.

De nuevo pregunté por ti.
Al abrir la ventana,
sobre toldos de comercios
pendientes de recoger,

se hizo pequeña en el aire
una foto en blanco y negro
y un papel amarillento
de esos que dicen adiós.

Debí elegir Varadero,
recordarte en sus orillas
(no este maldito lugar),
para después del amor
ir consumiendo poemas.

Debí mirar a otro lado
dos lunas antes de ayer.

Puede que suban la cena
y por la escalera de incendios,
para la trescientos cuatro,
no sea demasiado tarde.

Puede que las prisas del tiempo
se detuvieran contigo.

Puede que un día preguntes por mí
cuando no te espere nadie,
y me olvide de ese hotel
en el que nunca estuvimos.



















Al sur del alma

Quedó suspendida la hora
en algún pliegue del paisaje.

Todavía eran inocentes aquellas manos,
aún sorprendía el agua corriendo
cuando el verano se descubría 
bajo los árboles.

La plaza guardaba
los chirridos de las bicicletas,
las tardes que giraban despacio
alrededor de la fuente.

Después llegaron ellos,
los trenes sin regreso,
las persianas bajadas,
la pólvora sobre un jardín de ilusiones.

Hubo calles que aprendieron 
a bajar la mirada,
farolas encendidas para nadie,
números arrancados de las fachadas,
cartas que nunca encontraron destino.

Ahora,
solo las golondrinas parecen saber
por qué algunos bancos 
permanecen vacíos.

Si alguna vez me buscas,
hazlo donde la lluvia deshace
los márgenes del camino.
Allí donde la raíz empuja la tierra.
















La visita

Recogerás con el tiempo
todas las cartas de amor
tiradas sobre la mesa,
para aliviar desconsuelos
por lo que pudo quererte. 

Recordarás las palabras
que antes de ser pañuelo
te hicieron sentir princesa;
serán como días de cine,
imágenes en blanco y negro.

Rostro cansado,
distancia de vida,
afuera la noche.

Removerás sentimientos:
nervios, ternura, pasión, 
locura y miedos en escena
en dos cuerpos abrazados,
las nostalgias, el presente;

Los ojos cerrados,
la tele encendida
y afuera la noche.











V. Las formas que habitan






De nubes y papel secante

Cuentan las citas con nadie,
fingir que se abría la puerta
antes que por los cristales
con el mundo de trapecio
se descolgara la luna.

Cuentan las marcas de agua,
los círculos que se cierran,
el miedo a la soledad,
el ir y venir de alfileres
clavándose en mi cordura.

Cuentan frías madrugadas
de aquello que no aprendí,
y ardientes noches en vela
sin tus pies por el pasillo
camino a la habitación.

Para que un día me quisieras,
cambié los muebles del salón,
esperando mejor suerte.

Me deshice de misterios
y algún que otro desvarío,

también tiré a la basura
la caja negra de ese amor:
cuentas pendientes
y faltas de ortografía
que siempre tuve contigo.

Mientras continúo a pie,
te has quedado en el paisaje
como la lluvia en mis ojos.

Y si poesía eres tú,
hoy quiero escribirlo todo.
















La peor manera de perderte

Es domingo, te has marchado:
porque las malas historias
de víctimas en desamores
entre los dos no funcionan,

porque escribirte poesías
sin puta idea de escribir
era invocar al fracaso,

porque bajo cristales rotos
y cubos de agua
quedan cenizas…

Recomponer la vida
es tocarte, es sentirte
y olvidar en la trastienda
todas las cajas de mudanza.
















No preguntes si te espero 

Fui trazando tú recuerdo 
calmando mis tempestades,
apresurando las horas 
me evaporé en los cristales
ante la ausencia de aliento.

y fui lluvia de extrañarte,
fui nostalgia, fui silencio...
A veces duele el amor,
como a la luna y al sol
lejos de verse.

"El aire es inmortal,
la piedra inerte..."











VI. La caricia 






El milagro de existir 

Existe el hoy,
esa pequeña patria del instante,
origen de todo futuro,
semilla de todo cambio.

Existe, sobre todo,
la voluntad de abandonar
en mitad de la batalla;
renunciar al triunfo que humilla,
dar un paso atrás del abismo,
reconocer en otros rostros
la misma fragilidad.

Porque si el odio tiene memoria,
también la tiene la esperanza.
Y si la violencia aprende a reproducirse,
la compasión aprende a multiplicarse.

Por eso existe el ser humano:
no como dueño de la vida,
sino como guardián del presente;
no como heredero del rencor,
sino como la improbable
y deseada posibilidad de la paz.



















Eclipse

Vamos a quedarnos 
suspensos del infinito,
pensando que todo
irá bien.

Vamos a contar 
despacio los besos
que conceda
el firmamento,

y descifrar las señales
en las teorías de sabios
que dictan la historia.

Seremos supervivientes,
desnudos al universo
y con el suelo bajo los pies,

seremos un solo cuerpo
al estallar la pasión
contra las ganas de verse,

como la luna y el sol,
como un amor sin final,
eternamente.
















Fue suficiente

Tal vez en el intento de huida
olvidamos el equipaje 
más importante de nuestra vida:
la ocasión de saber mirarse.

Tal vez formarán parte
de mis manos tus caderas,
quizás otra primavera
lleve mis pasos contigo.

Enamorar,
rendirse en desespero,
encuentro fortuito, tropezar
y perder sin motivo.














Vidas paralelas

Bajo un azul desgastado,
el sol sobre los tejados
guardando el tipo.

Quise escapar y te probé,
como un café por la mañana,
poquito a poco;

fuimos un atardecer
de sueños por compartir,
fuimos ganas de vivir,
equidistantes.

Vimos gente por las calles
tras una banda de jazz,
luces en la oscuridad
abrirse paso hacia el cielo;

vimos bares derramarse,
miedos saltando al vacío,
fuimos en los edificios
besos en cada pared…

Quedó lejos la estación
donde encontrarte de nuevo,
quedó lejos el ayer,
y me sujetó el deseo.











VII. La piel abierta 






Desde el silencio

No hay piedad en la derrota
al desamor y la guerra,
ni razón en el desprecio
de palabras que te hieran.

No todo lo cura el tiempo,
tu canción sigue sonando;
no habrá otro sentir pasajero
ni acento de contrabando.

Puedes encontrar 
en libros la libertad,
puedes escapar
sin alas para volar;

y creer que los molinos
se convierten en gigantes,
ser el principio del cuento
o notas abriendo el baile,

crecer en gestos pequeños,
dejar de ser invisible,
y poder gritar al viento
sin miedo: qué estamos vivos.

Puedes dibujar
un corazón y una flecha
por si un día al despertar 
lleva tu nombre y el mío.



















No rendirse

Ocupando algún espacio
reservado para amantes,
acariciando tu noche
tan discreta y elegante,

quise colarme en tu espejo,
robarte las madrugadas,
quise colmarte de besos
sin fecha que caducaran.

Quiso subir la marea
hasta mojarnos los pies,
quiso en una habitación
descontrolarse la ropa,

aún le debo una canción
y un poema a tu sonrisa;
tú bien sabes que por ti
no dejaría de escribir
lo que no dice mi boca.
















9 de enero de 2014

Cuerpo y alma





“Nunca olvides que serás
siempre libre como el viento,
libre como un sentimiento,
tan libre como mis palabras”





I. Primeros destellos 






Presente continuo 

Siempre quedarán paisajes
y amores que no tuvimos;
nos quedarán primaveras 
donde deshojar «te quieros».

Llegará un nuevo febrero
para soñar con más fuerza.
Todo se puede cambiar,
todo, si tú lo deseas.

Siempre seremos del aire,
de océanos, valles y cielos;
seremos pies en la tierra 
recorriendo los caminos.

Abriremos los sentidos
a las cosas más pequeñas.
Todo se puede cambiar,
todo, menos tu belleza.
















Por amor al arte

Deseo envuelto en creaciones,
pinta un rojo atardecer
impresionista,
y al reclamo de pasión 
despójame de recuerdos,
apúrame,
sobra quietud en mis dedos.

Amo tanto como vivo
modelar sobre tu piel,
por los rincones ocultos,
por todo tu ser,
cual diosa Venus de Milo,
y yo que te pertenezco.
















Puertas adentro

Cuesta ganar la salida,
cerrar el baile de huesos
y cada pliegue del cuerpo
cuando tiembla.

Cuesta ponerse a cubierto,
fingir que no existen manos
ni resucitar a deshoras
miedos de golpe.

Frío es el aire en el tendedero,
fría la cena compartida,
las pertenencias...

Ojalá nunca el dolor nos encuentre
escuchando a Leonard Cohen;

ojalá alguien le cuelgue a la vida
el cartel de no molestar.
















Algo más tarde

Quizá siendo más jóvenes
seríamos un romance infinito,
como un guion de novela,
al tropezar en alguna acera
y caer al suelo tus libros;

de esos amores imposibles
que tienen un final feliz,
bailando en cada farola,
deseando estar a solas,
juntos viendo amanecer.

Quizá no nos conocimos
porque pasamos de largo
y ninguno se dio cuenta,
o porque de alguna manera
no fuese el día y ni la hora.

Quizá debía ser ahora
y ese destino era aquí
en un sitio diferente,
yo con la ilusión de siempre,
tú con los libros de ayer.











II. En medio de la incertidumbre 






Podrá secarse el mar

Lleno de tiempos felices
las horas que pasan
para inventarme poemas,
con el sabor que me dejan
estos amargos cafés,
sin saber nada de ti.

Ya lo ves,
pluma en ristre,
echo de menos aquí
tu aroma sobre la almohada.

Aún espero,
en confusas madrugadas,
tu mensaje en el buzón
de alguna estrella.

Y la ilusión encendida
al descender por tu cuerpo,
cuando eras agua.

Ya lo sé,
siempre solías decir
que a veces manda más
y al corazón nadie obliga.

Cansado de tanto huir,
de no ser suficiente,
cultivo versos, amor,
por si volvieras.



















Ausencia

Ahora que no estás aquí
descenderé a los infiernos
y, sin quererlo, seré:
un alpinista sin pared
o escalón sin escalera,

la razón que se atrinchera
en túneles de desengaño,
un niño sin cumpleaños,
  calle desierta a las doce,

en el historial, solo un nombre,
el Santo Job sin paciencia,
unas gotas de tu ausencia,
la risa por no llorar; 

alumno sin recuperar
la asignatura pendiente,
pasado sin un presente,
un cuerdo sin su cordura,

besos faltos de ternura 
para dos enamorados,
como un amor olvidado
entre Romeo y Julieta,

una guitarra sin cuerdas,
las notas de una canción
que no alegra por alegrías,
hoy seré mala poesía
aún sin quererlo ser yo.
















Al otro lado del silencio 

Ya lo ves, he llegado a perro viejo,
con las manos llenas de sueños
y los bolsillos de historias,
de molinos y gigantes,
de no temerle tanto al viento,
de volver a respirar.

Que los cuervos cantan mejor, decías,
cuando la verdad se queda sin sitio,
cuando su graznido suena
a lo que fuimos,
a lo que espera,
a la lluvia en primavera...

y el gran Clint Eastwood
seguía en pie en la pantalla,
con esa forma de aguantarlo todo,
sin pedir perdón,
sin saber que la vida nos llamaba.

Tantas cosas por contarte,
y sin embargo
todo cabe en cada intento
que a veces pesa,
como si tuvieran tu esencia 
las frases que no terminan,
que aprenden en otra parte
a quedarse sin quedarse,
a doler sin hacer ruido.

Antes que antiguos demonios
regresen para inmolarse,
te guardaré en mis insomnios,
como un recuerdo imborrable 
entre las frases que escribo,
por si acaso aún no te has ido.













III. Vínculo 






Calendario

Eres la intención de un verso,
el poema que nunca escribí,
la anestesia del pasado,
una balada en mis notas.

Como abrazo en el invierno
o verano junto al mar,
los nervios del primer encuentro,
nocturna pasión en París.

Una locura, un milagro,
Cádiz en su carnaval,
amanecer en el puerto,
la claridad que enamora.

Eres un "quédate a mi lado",
cielo de otoño en Madrid.
Eres lo que había soñado,
tú lo eres todo,
y nada es sin ti.
















Trocitos rotos de no verte

Bandera roja
en la orilla de mi piel,
el talento a la deriva
y tú por alguna estrella.

Guardé el fulgor de aquel mar
para no sentirme solo
y unos demonios que afuera
dejaron de ser pequeños,

luego de regreso a casa
el miedo seguía allí,
los perros mirando igual,
las flores más muertas.

Ahora que la noche
se inclina
hacia las líneas
de tu rostro,

ahora que
vuelan las hojas,
con buena letra
relato sueños contigo.

Madre,
mi vida poquito a poco
llama la tierra.



















De Sonora a la quebrada

Bajo cielos de obsidiana
donde el nopal custodia misterios,
El Maguey traza perfiles
mientras el sol devora las cúpulas.

Brújulas girando sobre mares,
dados descoloridos del azar
repartiendo nuestro destino.

Y allí,
pegada a la piel
como un códice imposible de borrar.
Sus ojos: cenote oscuro 
donde la sombra descansa.

Su voz cayendo despacio 
sobre las ruinas del tiempo,
como lluvia tibia 
en mitad del desierto.

Tal vez clamaba desde entonces,
desde aquellas noches ceremoniales
donde la luna observaba
la sangre derramada de los inocentes.

Porque aún hoy,
entre magueyes y humo de mezcal,
su ruego habita en la garganta
como una antigua plegaria.



















Istar

Pensé bajarte la luna
sin darme cuenta que era
más bonita tu sonrisa.

Pensé regalarte un cielo
para quererte en la tierra
buscando un amanecer,

ya lo ves, en este día
mis versos pensando en ti,
y se amotinan los besos 
que hoy te daría,

ya lo ves, en este día
donde un deseo es feliz,
pide continuidad al tiempo
en mí tu alegría.

Del sur los vientos
me recordarán
presente por tu mirada,

del firmamento
tu nombre al trazar
mil noches sobre tu piel.
















Al abrir los ojos

Pienso y a veces contemplo
vender mi alma al diablo
a cambio de tu mirada,

ya sé que sigo lejos,
y por ti fabrico alas
para salir a buscarte
aunque maldiga las nubes.

Aprendí ante el espejo
a reír cada mañana
y de malos vientos
a refugiarme en canciones;

encontré mi mente perdida
buscando un vuelo
para emigrar a tu orilla,

para enredarse en tu pelo,
habitar tus sentimientos…
quedarse dentro.











IV. Lo esencial 






Vida

Necesito un firmamento,
un momento inolvidable,
la magia de tu melodia
y luces que nos dejen ver;

como la libertad
de quien la lucha,
la paz de recuerdos
que nos trae el aire,
como una fiesta bienvenida
que mueva al mundo
aunque no sepa bailar.

Necesito
llaves que giren dos vueltas, 
a la puerta de salida
llegar muy tarde;

la memoria y el presente
en una caja de cartón
conservar todas las fotos,
resguardarla de la lluvia,
como quien solo pide
un buen techo y pan caliente
donde albergar su destino

Necesito
después de tanto escribir
pasar de aprendiz a ser
la causa de tu alegría;

como las noches azules
donde tu mirada más limpia
brinde en el tiempo conmigo
contando historias,
cerrando heridas,
que se marchiten las rosas
pendientes de despedidas...

ya lo sé, son cuatro días,
y uno te invita a viajar.



















Con permiso de tu boca

Aunque te parezca extraño
te conocía mucho antes
de llegar a presentarnos,
sabía el tacto de tus manos
y esa forma de mirar
en la escalera del metro,

tanto que al otro lado
apartaría las mesas, las sillas
y hasta la estatua del centro;
tanto que no existiera distancia
entre mi respiración
y un segundo de tu aliento.
















Sesenta segundos

Pido perdón a los vientos
por resistirme al olvido,
antes que seas recuerdo 
caminaría malherido,
aun cayendo en el intento.

Pido perdón a los vientos
por haberme desatado 
en todas formas verbales,
bajo velas de balandros,
por las calles y portales...

Por invocar cada día
al amparo de recuerdos,
del Vesubio y sus cenizas,
entre la sombra de almendros,
por las antiguas ruinas...

Esperaré en mi ventana 
que la luna nos encuentre:

ogni minuto senza di te, 
ma ti amo per sempre



















Su voz entre un millón

Vivo enamorado de ella;
de cada tono, cada pausa,
de la belleza en sus palabras,
de su acento al pronunciar…
aunque no diga mi nombre.











V. La realidad 






Planet Earth

Cómo decirte
que puede quedar aquí
o en el final de la cuenta
la realidad sin nosotros,
que esa belleza en tu rostro
siempre he soñado enmarcar;

que dejaría mis cosas, 
los muebles,
las mañanas de domingo,
y habitaciones de hotel
con tu espalda en el espejo;

que nos espera la tierra,
que no es tarde para salvar
aquello que tanto amamos.
Sabes, tenías razón:
hay que luchar por los sueños. 











VI. Huellas 






Pétalos dispersos

Para el final de su libro
siempre guardaba Alejandra
en un interior de espejo
recordando otras edades

las medias voces del viento,
desolación, tempestades,
manos que cerraban jaulas,
sombras contra los relojes;

guardaba un silencio insomne
que ningún cisne alteró,
guardaba en el mar su voz,
y esa manía de vivir
que la culparon sus noches.
















Louisiana Blues

Es viernes, las calles llenas,
antaño fui como ellos:
sin fuego oculto en la garganta,
sin desarraigos.

Hoy volvería a escuchar
aquella caja de ensueño,
hoy volvería a tocar
como la primera vez;

  caminaría a tu lado
por la página siguiente,
contando edades de paso
barrio adentro.

Es viernes, tiemblan las manos,
guardo el recuerdo,
que no se empañe de adiós,
que no se empañe.



















Luna de mayo

Una vez más
sobran carencias de amor, 
palabras sin ver el sol
y piedras que callan.

Una vez más
oculto en el disfraz de un pájaro
espero levantar el vuelo
cuando de lágrimas sequen
mis alas.











VI. Epílogo 






Elegía

Noche entreabierta,
versos cerrados
marcan tu rumbo.

Noche estrellada,
las dos y treinta,
poeta hacia el mar.

A veces vuelvo,
sigo de pie (siempre de pie)
y ante las puertas del cielo
no falta el aire.

Desde el sigilo
nadie más habla,
igual que un niño
cuando la luz se apagaba
viendo las sombras huir,
igual que tu ausencia…
padre, me quedo en tierra.