I. La memoria del tacto
No ser recuerdo
Aún le debo a tu sonrisa mis
mañanas,
y por cada palabra, un beso
que pronunciara en tu boca.
Aún le debo enamorarse sin miedo
la piel de nuevas caricias,
tus labios contra mis dedos…
Me gusta saber que sonríes
aunque no te pueda ver.
Una fecha en la memoria,
un largo día sin nadie,
y tú que lo envuelves todo.
Un abrazo de la tierra,
la tenue luz de una vela
por despojarme de la luna
en citas oscuras.
Quiero invocar al huésped
que viva en tus brazos,
aún más, tentarte
con mi primera caricia.
Mientras deambulo
por el monte de las ánimas,
bajo luceros de lluvia,
sin encontrar el color
que prefieren los sueños.
Tiempo que dueles ausente,
miedo en su punto de espera,
una oda a la locura.
De un corazón que no miente:
tener prohibido olvidarse,
en soledad, en otra senda,
en vanas frases perdidas.
Mi musa
Deja que me declare
insumiso al olvido,
déjame pasear
por las calles de tu barrio,
ser un púrpura atardecer,
casi invisible,
sin hacer ruido,
tú de papel
y no besarte
por miedo a borrarte.
En cuarto creciente
Por ti sigo mirando los árboles
sin saber que ando perdido,
crisálida de seda, ansiada espera,
absorta fascinación ante soplo de vida.
Por ti, noche invasora
de melancólicos regresos,
dejo los restos cerrando heridas;
ya nada importa.
Volver
Me arropaba cada noche
bajo un azul de ilusiones,
a ojos del mundo pequeño,
temiendo en la oscuridad;
y una lámpara encendida,
desafiando los miedos,
a las sombras batía en duelo
mientras se hacían gigantes.
Tenía cien indios de plástico,
mi gran equipo de chapas
y una madre en la ventana
de un barrio aún por explorar,
donde me creía un pirata
mientras pisaba los charcos,
pegado a una gran mochila
repleta de tanto asombro.
Cuando era niño no pensaba
que era niño y sonreía a las fotos
tras un arsenal de preguntas
con prisas por ser mayor,
y mil respuestas escondidas
se mezclaban con sabores
entre algodones de azúcar,
castañas, pan y chocolate.
Cuando era niño no esperaba
que en el camino tan pronto,
volarían sin cautela
las agujas del reloj.
II. El pulso
Me aposenté en su mirada
y en las puertas de su amor
vive pernoctando mi alma;
no te fugues, pensamiento,
si solo puedes llegar
en sueños hasta su almohada,
deja pues allí tus versos
mientras viene la alborada.
A las puertas de su amor
llevo roto el corazón
y lunas tristes
en la mirada.
la nostalgia
Soñaba con alas de pájaro,
amaba su libre vuelo,
capaces de bailar con la compañía
de la única ola.
Soñaba en tus brazos descansar,
ver claudicar horizontes
por detrás de las arenas,
ver cómo el día se esconde.
Tu voz, es como un roce tímido.
Tus besos, la espuma del mar.
Amor, es compartir esta mesa
y en un bolero contigo
nuestra penúltima copa.
III. La herida
No ser Bukowski
Me senté a escribir
y al final sólo quería hablar
de café y desamores,
de esas cosas que caben en una taza
y en la memoria de una piel.
Me pregunté si merecía la pena,
si ese intento de poema
no era más que una forma elegante
de perder el tiempo.
Pensé en aquellos años,
cuando debí estudiar solfeo,
dejar que mis dedos aprendieran
lo que hoy buscan mis palabras.
Pero tal vez sólo buscaba una excusa:
una pequeña herida abierta
para poder quejarme,
para encontrar un motivo
y volver a crear.
Me levanté de la silla,
abrí la puerta de la terraza
con la intención de convertirme
en alguien más triste y más interesante.
Entonces entendí
que no era el viejo fantasma de los bares,
ni un hombre hecho de humo y derrotas.
Solo era yo
con una página vacía delante,
un café enfriándose a un lado
y unas cuantas palabras revoloteando.
Volví a sentarme.
Porque quizá la poesía no está
en haber vivido todas las tragedias,
sino en tener el valor
de caminar sobre ellas.
En el lugar de siempre
Era intentar ser feliz,
era un viento en las cortinas
mientras los niños jugaban.
Pasado algún tiempo
sigues siendo la misma,
sonríes igual.
Pasado algún tiempo,
sigo siendo el mismo,
aunque nada me sonría.
Era intentar ser feliz,
era un viento en las cortinas
mientras los niños jugaban.
Pasado algún tiempo
sigues siendo la misma,
sonríes igual.
Pasado algún tiempo,
sigo siendo el mismo,
aunque nada me sonría.
Septiembre
Desde la torre más alta
a tu lunar más pequeño,
condescendientes
besos diurnos.
Desde una tela de oriente
a tus piedras favoritas,
tejiendo sueños
parcos en lágrimas.
Desde una noche exhausta
de sentimientos notorios,
desde un presente
sobre hojas muertas.
Desde algún sol disuasorio
que por atajos nocturnos
pase deprisa
a inaugurar la belleza.
Desde la torre más alta
a tu lunar más pequeño,
condescendientes
besos diurnos.
Desde una tela de oriente
a tus piedras favoritas,
tejiendo sueños
parcos en lágrimas.
Desde una noche exhausta
de sentimientos notorios,
desde un presente
sobre hojas muertas.
Desde algún sol disuasorio
que por atajos nocturnos
pase deprisa
a inaugurar la belleza.
IV. El tacto ausente
Última parada
Sabes, de nuevo pregunté por ti.
Debe de ser que no surten efecto
las pastillas de olvidar.
En la oscura habitación
de un simulacro de hotel,
encerrado entre paredes
acostumbradas a todo.
De nuevo pregunté por ti.
Al abrir la ventana,
sobre toldos de comercios
pendientes de recoger,
se hizo pequeña en el aire
una foto en blanco y negro
y un papel amarillento
de esos que dicen adiós.
Debí elegir Varadero,
recordarte en sus orillas
(no este maldito lugar),
para después del amor
ir consumiendo poemas.
Debí mirar a otro lado
dos lunas antes de ayer.
Puede que suban la cena
y por la escalera de incendios,
para la trescientos cuatro,
no sea demasiado tarde.
Puede que las prisas del tiempo
se detuvieran contigo.
Puede que un día preguntes por mí
cuando no te espere nadie,
y me olvide de ese hotel
en el que nunca estuvimos.
Al sur del alma
Quedó suspendida la hora
en algún pliegue del paisaje.
Todavía eran inocentes aquellas manos,
aún sorprendía el agua corriendo
cuando el verano se descubría
bajo los árboles.
La plaza guardaba
los chirridos de las bicicletas,
las tardes que giraban despacio
alrededor de la fuente.
Después llegaron ellos,
los trenes sin regreso,
las persianas bajadas,
la pólvora sobre un jardín de ilusiones.
Hubo calles que aprendieron
a bajar la mirada,
farolas encendidas para nadie,
números arrancados de las fachadas,
cartas que nunca encontraron destino.
Ahora,
solo las golondrinas parecen saber
por qué algunos bancos
permanecen vacíos.
Si alguna vez me buscas,
hazlo donde la lluvia deshace
los márgenes del camino.
Allí donde la raíz empuja la tierra.
La visita
Recogerás con el tiempo
todas las cartas de amor
tiradas sobre la mesa,
para aliviar desconsuelos
por lo que pudo quererte.
Recordarás las palabras
que antes de ser pañuelo
te hicieron sentir princesa;
serán como días de cine,
imágenes en blanco y negro.
Rostro cansado,
distancia de vida,
afuera la noche.
Removerás sentimientos:
nervios, ternura, pasión,
locura y miedos en escena
en dos cuerpos abrazados,
las nostalgias, el presente;
Los ojos cerrados,
la tele encendida
y afuera la noche.
V. Las formas que habitan
De nubes y papel secante
Cuentan las citas con nadie,
fingir que se abría la puerta
antes que por los cristales
con el mundo de trapecio
se descolgara la luna.
Cuentan las marcas de agua,
los círculos que se cierran,
el miedo a la soledad,
el ir y venir de alfileres
clavándose en mi cordura.
Cuentan frías madrugadas
de aquello que no aprendí,
y ardientes noches en vela
sin tus pies por el pasillo
camino a la habitación.
Para que un día me quisieras,
cambié los muebles del salón,
esperando mejor suerte.
Me deshice de misterios
y algún que otro desvarío,
también tiré a la basura
la caja negra de ese amor:
cuentas pendientes
y faltas de ortografía
que siempre tuve contigo.
Mientras continúo a pie,
te has quedado en el paisaje
como la lluvia en mis ojos.
Y si poesía eres tú,
hoy quiero escribirlo todo.
La peor manera de perderte
Es domingo, te has marchado:
porque las malas historias
de víctimas en desamores
entre los dos no funcionan,
porque escribirte poesías
sin puta idea de escribir
era invocar al fracaso,
porque bajo cristales rotos
y cubos de agua
quedan cenizas…
Recomponer la vida
es tocarte, es sentirte
y olvidar en la trastienda
todas las cajas de mudanza.
No preguntes si te espero
Fui trazando tú recuerdo
calmando mis tempestades,
apresurando las horas
me evaporé en los cristales
ante la ausencia de aliento.
y fui lluvia de extrañarte,
fui nostalgia, fui silencio...
A veces duele el amor,
como a la luna y al sol
lejos de verse.
"El aire es inmortal,
la piedra inerte..."
VI. La caricia
El milagro de existir
Existe el hoy,
esa pequeña patria del instante,
origen de todo futuro,
semilla de todo cambio.
Existe, sobre todo,
la voluntad de abandonar
en mitad de la batalla;
renunciar al triunfo que humilla,
dar un paso atrás del abismo,
reconocer en otros rostros
la misma fragilidad.
Porque si el odio tiene memoria,
también la tiene la esperanza.
Y si la violencia aprende a reproducirse,
la compasión aprende a multiplicarse.
Por eso existe el ser humano:
no como dueño de la vida,
sino como guardián del presente;
no como heredero del rencor,
sino como la improbable
y deseada posibilidad de la paz.
Eclipse
Vamos a quedarnos
suspensos del infinito,
pensando que todo
irá bien.
Vamos a contar
despacio los besos
que conceda
el firmamento,
y descifrar las señales
en las teorías de sabios
que dictan la historia.
Seremos supervivientes,
desnudos al universo
y con el suelo bajo los pies,
seremos un solo cuerpo
al estallar la pasión
contra las ganas de verse,
como la luna y el sol,
como un amor sin final,
eternamente.
Fue suficiente
Tal vez en el intento de huida
olvidamos el equipaje
más importante de nuestra vida:
la ocasión de saber mirarse.
Tal vez formarán parte
de mis manos tus caderas,
quizás otra primavera
lleve mis pasos contigo.
Enamorar,
rendirse en desespero,
encuentro fortuito, tropezar
y perder sin motivo.
Vidas paralelas
Bajo un azul desgastado,
el sol sobre los tejados
guardando el tipo.
Quise escapar y te probé,
como un café por la mañana,
poquito a poco;
fuimos un atardecer
de sueños por compartir,
fuimos ganas de vivir,
equidistantes.
Vimos gente por las calles
tras una banda de jazz,
luces en la oscuridad
abrirse paso hacia el cielo;
vimos bares derramarse,
miedos saltando al vacío,
fuimos en los edificios
besos en cada pared…
Quedó lejos la estación
donde encontrarte de nuevo,
quedó lejos el ayer,
y me sujetó el deseo.
Bajo un azul desgastado,
el sol sobre los tejados
guardando el tipo.
Quise escapar y te probé,
como un café por la mañana,
poquito a poco;
fuimos un atardecer
de sueños por compartir,
fuimos ganas de vivir,
equidistantes.
Vimos gente por las calles
tras una banda de jazz,
luces en la oscuridad
abrirse paso hacia el cielo;
vimos bares derramarse,
miedos saltando al vacío,
fuimos en los edificios
besos en cada pared…
Quedó lejos la estación
donde encontrarte de nuevo,
quedó lejos el ayer,
y me sujetó el deseo.
VII. La piel abierta
No hay piedad en la derrota
al desamor y la guerra,
ni razón en el desprecio
de palabras que te hieran.
No todo lo cura el tiempo,
tu canción sigue sonando;
no habrá otro sentir pasajero
ni acento de contrabando.
Puedes encontrar
en libros la libertad,
puedes escapar
sin alas para volar;
y creer que los molinos
se convierten en gigantes,
ser el principio del cuento
o notas abriendo el baile,
crecer en gestos pequeños,
dejar de ser invisible,
y poder gritar al viento
sin miedo: qué estamos vivos.
Puedes dibujar
un corazón y una flecha
por si un día al despertar
lleva tu nombre y el mío.
No rendirse
Ocupando algún espacio
reservado para amantes,
acariciando tu noche
tan discreta y elegante,
quise colarme en tu espejo,
robarte las madrugadas,
quise colmarte de besos
sin fecha que caducaran.
Quiso subir la marea
hasta mojarnos los pies,
quiso en una habitación
descontrolarse la ropa,
aún le debo una canción
y un poema a tu sonrisa;
tú bien sabes que por ti
no dejaría de escribir
lo que no dice mi boca.
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