1 de diciembre de 2020

Amantes tiene la luna





I. Nace la noche






La mujer del baile 

Deseaba inventar un sueño,
ser cada poro en su piel;
deseaba la soledad
de aquella luna de marzo.

Tanto mirar su sonrisa
que se encontró con el día,
con el sol en movimiento.

Y el tiempo de su figura
retrocedió algunos años;
la orquesta seguía tocando...

Ella fue literatura
y al amor de sus amores
nunca quiso llevar flores
para no verlas morir.
















Insomnia

Cuando todo acabe,
tras la eterna espera,
olvidaré este lugar.

Seré una puesta de sol,
tesoros que guarde el mar
con el color de tus ojos.

Cuando todo acabe,
renunciaré a lo que he sido
solo por verte brillar,
solo por ver la luz.














Espíritu viajero

Camino de norte a sur,
conoce bien mis verdades;
ella, continua belleza
que las pupilas no alcanzan.

Camino,
invisible por su magia,
como tierra que se esconde
a escasos metros del agua.

Ser inmensidad,
rodear los mapas.

Ahora,
que el cielo invita a tormenta,
que nuestras lenguas se ahogan,
que todo es poco,
que es mi principio y final,

nada apagará las luces
de su presencia
en mi guarida.

En la ciudad sin estrellas,
maullando por los tejados,
sobre cornisas heladas.

Si el amor muere conmigo,
abandonarme esta vez
entre unos versos de Lorca;

silencioso amanecer,
que las voces me respondan
y un libro sobre el mostrador
que lleve escrito su nombre.










II. Primavera en los labios 






Abril

Déjame abrazarte,
que en las alboradas frías
nunca mientan los poemas.

Déjame soñarte,
si nada queda por decir
en una estancia vacía.

Déjame ser ilusión,
sentir que se hace pequeño
contigo cualquier problema.

Déjame tener tu sabor,
que solo escuche el aliento
entre tu boca y la mía.











III. Aquello que nos sostiene 






Puntos suspensivos

Reconozco cada paso
subiendo las escaleras,
sin más deseo que amarse.

A nuestra manera,
siempre acabamos
desvistiendo los deseos.

Por eso no limpié el lenguaje
y tengo prohibido el paso
a otros instantes.

Por eso, al cruzar tu calle,
busco señales de humo
y me detengo.














Tercer intento

Nunca preguntó por qué
en su bolsillo había tizas
que inventaban corazones.

Nunca preguntó por qué
de una guitarra las notas
invocaban a Gardel,
rasgando tangos en liza.

Nunca preguntó por qué,
y regresó a Buenos Aires
una vez por vacaciones.

Entre Abasto y los poemas
que un día Alfonsina buscara
más allá de Chacarita,

entre el rumor de los bares
y el fuerte olor a café
que a muertos resucitaba.

Después de una vida entera
no se atrevieron sus bocas.

Después de tanto querer,
veinte años fueron nada.
















Mayo del 39

Aún presiento
sus pisadas tras la puerta
de una infeliz primavera,
de cristales rotos.

Aún recuerdo
el palpitar de las hojas
sin más patria ni bandera
que el color de aquellos ojos;

su pelo rojo,
la fantasía en su piel,
el miedo en las calles.

Calles de Madrid,
el viejo Madrid...

Tiempo después,
bajo el gris de un amanecer,
cayó el amor malherido,
entre poesías de amigos
que no volvimos a ver.
















Cambio de piel

Se miraba en el espejo
como saliendo de un pozo,
libre su cuerpo.

Atrás quedaba una madre
a la salida del colegio,
atrás los malos recuerdos,
la letra de una canción.

Atrás los viernes con Lola,
la infancia en un probador
que equivocaba la llave.

Y Nueva York era un sueño,
uno de tantos,
donde olvidar cualquier nombre,
incluso el propio.

Se miraba en el espejo
de un invierno que se fue,
sin maquillarse.
















Demasiadas canciones
nos echan de menos

Le puse nombre a un planeta
para hacerlo suyo
y sobre los tejados asomó la luna
para no dejarme solo.

¿Quién eres tú?
—preguntó al verme—.
qué aguardas otra estación
o en otra vida si hubiera,
que de ella es la inspiración,
en cada acorde, en cada cuerda…

Entonces me hizo comprender 
que hay que luchar por los sueños,
que no se vive solo de amor.











IV. Paisaje interior 






El olvido

Esperaré contigo, amor,
a que caiga la noche;

como huella en la arena,
como gotas de un río
que caen por dentro,
que a veces suenan,
como el lamento
de haberme perdido
parte de ti.

Esperaré contigo, amor,
a que prendan los faroles,
como tantas veces,

imaginando un mañana,
una voz que me canta,
peinando canas,
sonriendo siempre.
















Fantasmas de un cuento mejor

Alguna vez
pueda decir un poema,
de esos que hablan de amor,
cuánto se echaron de menos,

sin interrogantes
en la memoria,
regalando una magnolia
al despertar.

Alguna vez,
desatados de la cama,
rompan jirones de alambre
que un día cosieron el alma.

Recuperar la ternura,
el pánico a las alturas,
no sentirse nunca tan frágil
ante un cartel de llegadas .

Pasos que son Berlín
por el aeropuerto,
las prisas por unir
sus lazos,
encontrar la otra mitad
en el mismo sitio.

Buscando un sol,
históricos monumentos
donde quedarse,
sin resguardarse,
empezar por el final
y volver a enamorarse.

Puede que no se hayan ido.











V. De respirar 






La marea

El corazón que habito
sigue pendiente de ti.
¡Cuánta locura!
Perderse en la oscuridad
en medio de la tormenta.

¡Tempestad! 
Has tentado mis ansias, 
creando un camino de estrellas
con cada uno de tus relámpagos, 
nacido y anidado en las entrañas,
en un mundo de tinieblas,
de enardecida pasión.

¡Calma!
Refugio de malos vientos,
secreto de un instante contenido,
paraje de delirante ocaso
envuelto con el eco de su risa,
cuando la piel aún denota
el tacto que hizo temblar.

No más amanecer sin tu cariño, 
no más noches de soledad, 
no volverán las lágrimas,
de tus flores las espinas...

Me quedaré a vivir en tu voz.
















Altos sueños

Corto es el vuelo
de las aves de ciudad,
cortas las alas
que me separan de ti.

“Y vuelves a atrapar mi tristeza
para esconderla en tu bolsillo,
para alejarla de mí”
como en Los puentes de Madison.
















Todas las notas en ti

Seré su fiel guardián
y mis besos escudo,
seré del verbo amar
siempre gerundio,

seré secreto por guardar,
un susurro, una palabra,
seré al respirar su aliento.

Seré en una canción
sus notas,
seré por querer ser 
lo que quisiera tu boca.



















Cartas a Janis

Los mismos bares,
las mismas calles
ardiendo bajo los pies,
poco ha cambiado;

arreglaron las aceras,
al final de la avenida
ya no hay periódicos,
y como entonces
"summertime"
suena en la radio.

En la habitación,
antiguas letras,
igual que ayer 
alguien te ha escrito,
nunca hubo tiempo marchito
en las flores de tu pelo.
















Aires de La Habana

Para que nunca te fueras
cambié los muebles del salón
esperando mejor suerte,
me deshice de silencios
y algún que otro desvarío;

también tiré a la basura
del amor su caja negra,
antiguas lunas crecientes,
y faltas de ortografía
que un día tuviera contigo,

por regresar
a las calles de tu barrio,
ser aquella primavera
donde Pau cantaba a su flaca,
cerca del mar.











VI. La oscuridad 






Con hilo negro

Si nos sorprende el invierno
deshojando el calendario,
si nos acechan recuerdos
que colorean tus manos,
no dejes de hablar;

porque es momento
de escuchar nuestras voces
aún desnudas
a través de las persianas

y acordes de algún bolero
que en otro tiempo bailamos,
cuando pudimos ser nada,
antes de querernos todo…
treinta años atrás.
















Resaca

Por los rincones que guardan mi edad,
sigo tus pasos con la creencia
de un idiota arrepentido.

Lavo mis ojos con agua de mar
mientras tus peces
viven conmigo.











VII. No más despedidas 






Punto de fuga

Ahora que está limpio el cielo
y en los tejados resplandecen
anuncio de un nuevo día,

distingo el color de tus ojos
sin lunas de escaparates
con incitante desvelo;

lejos de turbios lugares,
de absurdas fiestas mentira
y torpes pasos de baile.

He vuelto a mirar tu foto
(será la enésima vez)
la que sonríe a la vida.

Es tiempo de amar,
de renovar cortinas,
de vender las acuarelas,

tiempo de elegir,
de vaciar papeleras
y volver a sentir,

tiempo de reivindicar
aire para quien respira,
de pinturas sin final,
sin espejismos.











VIII. La plenitud 






Ventanas

Siento tu respiración,
siento las manos cerca
de nuestros cuerpos;

en frías estancias, 
la casa sin amueblar,
tus dedos sobre la piel
llama invisible.

Acostumbrando a buscar
cada palabra de Frida 
entre sus cartas de amor,

yo en tu lugar hubiera 
hecho lo mismo,
estaba escrito.

Recoge las cosas,
de los malos consejos
ponte a salvo,

si resbala el mármol,
tomando impulso
será más fácil saltar.

Ahora que estamos los dos,
ahora que la melancolía
sugiere buenas comedias,

después de tanto llover
valió la pena,
gracias por existir.
















Días que vendrán

Vamos a ocuparnos
de reparar corazones
con las viñetas en blanco.

Si hay que beber, bebamos;
mezclemos besos con ron.
Regresaremos andando
de innumerables paradas.

En las fiestas de guardar,
salgamos de nuestro agujero
a rescatar del ayer
su máscara sonriente.

Vamos a llevarnos
la libertad de lo puesto,
cruzar océanos, continentes.

Y si una lágrima llegase a caer
en la acuarela de un río,
que cruce mares y distancias.

Líneas de paz venideras,
mente prendida y viajera,
al fuego de nuestros labios.
















Pendientes del cielo

En tu belleza absoluta
no esta exenta la cordura
y si locura es quererte
es mi deseo por verte
anclarme de tu cintura;

en la memoria las manos,
por encontrar tu figura,
y en las alturas descubrir
que todo gira en torno a ti.











IX. Cierra la noche 






Bajo la luna de Siwa

Así, de golpe
el viento borró las huellas,
por las arenas
los blancos atavíos
se oscurecieron;

y nos amamos 
en el anochecer de otros mapas,
ante sus aguas,
probando el cielo.




"Amantes tiene la luna
que sostienen su mirada"















1 de octubre de 2017

Piel adentro






I. La memoria del tacto






No ser recuerdo

Aún le debo a tu sonrisa mis mañanas,
y por cada palabra, un beso
que pronunciara en tu boca.

Aún le debo enamorarse sin miedo
la piel de nuevas caricias,
tus labios contra mis dedos…

Me gusta saber que sonríes
aunque no te pueda ver.














Partiendo de cero

Una fecha en la memoria,
un largo día sin nadie,
y tú que lo envuelves todo.

Un abrazo de la tierra,
la tenue luz de una vela
por despojarme de la luna
en citas oscuras.

Quiero invocar al huésped
que viva en tus brazos,
aún más, tentarte
con mi primera caricia.

Mientras deambulo
por el monte de las ánimas,
bajo luceros de lluvia,
sin encontrar el color
que prefieren los sueños.

Tiempo que dueles ausente,
miedo en su punto de espera,
una oda a la locura.

De un corazón que no miente:
tener prohibido olvidarse,
en soledad, en otra senda,
en vanas frases perdidas.



















Mi musa

Deja que me declare
insumiso al olvido,
déjame pasear
por las calles de tu barrio,
ser un púrpura atardecer,

casi invisible,
sin hacer ruido,
tú de papel
y no besarte
por miedo a borrarte.

















En cuarto creciente

Por ti sigo mirando los árboles
sin saber que ando perdido,
crisálida de seda, ansiada espera,
absorta fascinación ante soplo de vida.

Por ti, noche invasora
de melancólicos regresos,
dejo los restos cerrando heridas;
ya nada importa.
















Volver

Me arropaba cada noche
bajo un azul de ilusiones,
a ojos del mundo pequeño,
temiendo en la oscuridad;

y una lámpara encendida,
desafiando los miedos,
a las sombras batía en duelo
mientras se hacían gigantes. 

Tenía cien indios de plástico,
mi gran equipo de chapas
y una madre en la ventana
de un barrio aún por explorar,

donde me creía un pirata
mientras pisaba los charcos,
pegado a una gran mochila
repleta de tanto asombro. 

Cuando era niño no pensaba 
que era niño y sonreía a las fotos 
tras un arsenal de preguntas
con prisas por ser mayor,

y mil respuestas escondidas
se mezclaban con sabores
entre algodones de azúcar,
castañas, pan y chocolate.

Cuando era niño no esperaba
que en el camino tan pronto,
volarían sin cautela 
las agujas del reloj...

y sucumbiendo a la vida
una guitarra a la mañana
le habló de libertad.











II. El pulso 






A flor de piel

Me aposenté en su mirada
y en las puertas de su amor
vive pernoctando mi alma;
no te fugues, pensamiento,

si solo puedes llegar
en sueños hasta su almohada,
deja pues allí tus versos
mientras viene la alborada.

A las puertas de su amor
llevo roto el corazón
y lunas tristes
en la mirada.
















Ya no siento que me ahoga 
la nostalgia

Soñaba con alas de pájaro, 
amaba su libre vuelo,
capaces de bailar con la compañía 
de la única ola.

Soñaba en tus brazos descansar,
ver claudicar horizontes
por detrás de las arenas,
ver cómo el día se esconde.

Tu voz, es como un roce tímido.
Tus besos, la espuma del mar.

Amor, es compartir esta mesa
y en un bolero contigo
nuestra penúltima copa.











III. La herida 






No ser Bukowski 

Me senté a escribir
y al final sólo quería hablar
de café y desamores,
de esas cosas que caben en una taza
y en la memoria de una piel.

Me pregunté si merecía la pena,
si ese intento de poema
no era más que una forma elegante
de perder el tiempo.

Pensé en aquellos años,
cuando debí estudiar solfeo,
dejar que mis dedos aprendieran
lo que hoy buscan mis palabras.

Pero tal vez sólo buscaba una excusa:
una pequeña herida abierta
para poder quejarme,
para encontrar un motivo
y volver a crear.

Me levanté de la silla,
abrí la puerta de la terraza
con la intención de convertirme
en alguien más triste y más interesante.

Entonces entendí
que no era el viejo fantasma de los bares,
ni un hombre hecho de humo y derrotas.

Solo era yo
con una página vacía delante,
un café enfriándose a un lado
y unas cuantas palabras revoloteando.

Volví a sentarme.
Porque quizá la poesía no está
en haber vivido todas las tragedias,
sino en tener el valor
de caminar sobre ellas.



















En el lugar de siempre

Era intentar ser feliz,  
era un viento en las cortinas
mientras los niños jugaban.

Pasado algún tiempo
sigues siendo la misma,
sonríes igual.

Pasado algún tiempo,
sigo siendo el mismo,
aunque nada me sonría.
















Septiembre

Desde la torre más alta
a tu lunar más pequeño,
condescendientes
besos diurnos.

Desde una tela de oriente
a tus piedras favoritas,
tejiendo sueños
parcos en lágrimas.

Desde una noche exhausta
de sentimientos notorios,
desde un presente
sobre hojas muertas.

Desde algún sol disuasorio
que por atajos nocturnos
pase deprisa
a inaugurar la belleza.











IV. El tacto ausente






Última parada

Sabes, de nuevo pregunté por ti.
Debe de ser que no surten efecto
las pastillas de olvidar.

En la oscura habitación
de un simulacro de hotel,
encerrado entre paredes
acostumbradas a todo.

De nuevo pregunté por ti.
Al abrir la ventana,
sobre toldos de comercios
pendientes de recoger,

se hizo pequeña en el aire
una foto en blanco y negro
y un papel amarillento
de esos que dicen adiós.

Debí elegir Varadero,
recordarte en sus orillas
(no este maldito lugar),
para después del amor
ir consumiendo poemas.

Debí mirar a otro lado
dos lunas antes de ayer.

Puede que suban la cena
y por la escalera de incendios,
para la trescientos cuatro,
no sea demasiado tarde.

Puede que las prisas del tiempo
se detuvieran contigo.

Puede que un día preguntes por mí
cuando no te espere nadie,
y me olvide de ese hotel
en el que nunca estuvimos.



















Al sur del alma

Quedó suspendida la hora
en algún pliegue del paisaje.

Todavía eran inocentes aquellas manos,
aún sorprendía el agua corriendo
cuando el verano se descubría 
bajo los árboles.

La plaza guardaba
los chirridos de las bicicletas,
las tardes que giraban despacio
alrededor de la fuente.

Después llegaron ellos,
los trenes sin regreso,
las persianas bajadas,
la pólvora sobre un jardín de ilusiones.

Hubo calles que aprendieron 
a bajar la mirada,
farolas encendidas para nadie,
números arrancados de las fachadas,
cartas que nunca encontraron destino.

Ahora,
solo las golondrinas parecen saber
por qué algunos bancos 
permanecen vacíos.

Si alguna vez me buscas,
hazlo donde la lluvia deshace
los márgenes del camino.
Allí donde la raíz empuja la tierra.
















La visita

Recogerás con el tiempo
todas las cartas de amor
tiradas sobre la mesa,
para aliviar desconsuelos
por lo que pudo quererte. 

Recordarás las palabras
que antes de ser pañuelo
te hicieron sentir princesa;
serán como días de cine,
imágenes en blanco y negro.

Rostro cansado,
distancia de vida,
afuera la noche.

Removerás sentimientos:
nervios, ternura, pasión, 
locura y miedos en escena
en dos cuerpos abrazados,
las nostalgias, el presente;

Los ojos cerrados,
la tele encendida
y afuera la noche.











V. Las formas que habitan






De nubes y papel secante

Cuentan las citas con nadie,
fingir que se abría la puerta
antes que por los cristales
con el mundo de trapecio
se descolgara la luna.

Cuentan las marcas de agua,
los círculos que se cierran,
el miedo a la soledad,
el ir y venir de alfileres
clavándose en mi cordura.

Cuentan frías madrugadas
de aquello que no aprendí,
y ardientes noches en vela
sin tus pies por el pasillo
camino a la habitación.

Para que un día me quisieras,
cambié los muebles del salón,
esperando mejor suerte.

Me deshice de misterios
y algún que otro desvarío,

también tiré a la basura
la caja negra de ese amor:
cuentas pendientes
y faltas de ortografía
que siempre tuve contigo.

Mientras continúo a pie,
te has quedado en el paisaje
como la lluvia en mis ojos.

Y si poesía eres tú,
hoy quiero escribirlo todo.
















La peor manera de perderte

Es domingo, te has marchado:
porque las malas historias
de víctimas en desamores
entre los dos no funcionan,

porque escribirte poesías
sin puta idea de escribir
era invocar al fracaso,

porque bajo cristales rotos
y cubos de agua
quedan cenizas…

Recomponer la vida
es tocarte, es sentirte
y olvidar en la trastienda
todas las cajas de mudanza.
















No preguntes si te espero 

Fui trazando tú recuerdo 
calmando mis tempestades,
apresurando las horas 
me evaporé en los cristales
ante la ausencia de aliento.

y fui lluvia de extrañarte,
fui nostalgia, fui silencio...
A veces duele el amor,
como a la luna y al sol
lejos de verse.

"El aire es inmortal,
la piedra inerte..."











VI. La caricia 






El milagro de existir 

Existe el hoy,
esa pequeña patria del instante,
origen de todo futuro,
semilla de todo cambio.

Existe, sobre todo,
la voluntad de abandonar
en mitad de la batalla;
renunciar al triunfo que humilla,
dar un paso atrás del abismo,
reconocer en otros rostros
la misma fragilidad.

Porque si el odio tiene memoria,
también la tiene la esperanza.
Y si la violencia aprende a reproducirse,
la compasión aprende a multiplicarse.

Por eso existe el ser humano:
no como dueño de la vida,
sino como guardián del presente;
no como heredero del rencor,
sino como la improbable
y deseada posibilidad de la paz.



















Eclipse

Vamos a quedarnos 
suspensos del infinito,
pensando que todo
irá bien.

Vamos a contar 
despacio los besos
que conceda
el firmamento,

y descifrar las señales
en las teorías de sabios
que dictan la historia.

Seremos supervivientes,
desnudos al universo
y con el suelo bajo los pies,

seremos un solo cuerpo
al estallar la pasión
contra las ganas de verse,

como la luna y el sol,
como un amor sin final,
eternamente.
















Fue suficiente

Tal vez en el intento de huida
olvidamos el equipaje 
más importante de nuestra vida:
la ocasión de saber mirarse.

Tal vez formarán parte
de mis manos tus caderas,
quizás otra primavera
lleve mis pasos contigo.

Enamorar,
rendirse en desespero,
encuentro fortuito, tropezar
y perder sin motivo.














Vidas paralelas

Bajo un azul desgastado,
el sol sobre los tejados
guardando el tipo.

Quise escapar y te probé,
como un café por la mañana,
poquito a poco;

fuimos un atardecer
de sueños por compartir,
fuimos ganas de vivir,
equidistantes.

Vimos gente por las calles
tras una banda de jazz,
luces en la oscuridad
abrirse paso hacia el cielo;

vimos bares derramarse,
miedos saltando al vacío,
fuimos en los edificios
besos en cada pared…

Quedó lejos la estación
donde encontrarte de nuevo,
quedó lejos el ayer,
y me sujetó el deseo.











VII. La piel abierta 






Desde el silencio

No hay piedad en la derrota
al desamor y la guerra,
ni razón en el desprecio
de palabras que te hieran.

No todo lo cura el tiempo,
tu canción sigue sonando;
no habrá otro sentir pasajero
ni acento de contrabando.

Puedes encontrar 
en libros la libertad,
puedes escapar
sin alas para volar;

y creer que los molinos
se convierten en gigantes,
ser el principio del cuento
o notas abriendo el baile,

crecer en gestos pequeños,
dejar de ser invisible,
y poder gritar al viento
sin miedo: qué estamos vivos.

Puedes dibujar
un corazón y una flecha
por si un día al despertar 
lleva tu nombre y el mío.



















No rendirse

Ocupando algún espacio
reservado para amantes,
acariciando tu noche
tan discreta y elegante,

quise colarme en tu espejo,
robarte las madrugadas,
quise colmarte de besos
sin fecha que caducaran.

Quiso subir la marea
hasta mojarnos los pies,
quiso en una habitación
descontrolarse la ropa,

aún le debo una canción
y un poema a tu sonrisa;
tú bien sabes que por ti
no dejaría de escribir
lo que no dice mi boca.